LA ADORACIÓN EN EL ISLAM

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LA ADORACIÓN EN EL ISLAM

العبودية في الإسلام باللغة الإسبانية

 

 

Doctor Abd Ar-Rahman Al-Sheha

 

 

 

Traducción. Imam Vicente M. Mota Mansur

 

 

 

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En el nombre de Al·lâh, el Misericordioso, el Clemente. Alabado sea Al·lâh y que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Al·lâh, con su familia y con sus Compañeros.

Fíjate en el Islam y su método, y no te fijes en la actuación o la obra del musulmán.

La servidumbre es una esencia (fitrah) en la que Al·lâh ha creado al ser humano y, de la cual, no se puede desprender en modo alguno. Las personas, pues, se encuentran ante la siguiente disyuntiva: por un lado, se puede ser un siervo entregado y obediente a Al·lâh y, así, su corazón se tranquiliza y su espíritu se sosiega, tal y como dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘A Al·lâh sirvo rindiéndole culto sincero. * ¡Servid, pues, en lugar de servirle a Él, lo que queráis!’. Di: ‘Perderán aquellos que se pierdan a sí mismos y pierdan a sus familias el día del Levantamiento. ¿Acaso no es esa una pérdida manifiesta?’ * Por encima y por debajo tendrán pabellones de fuego. Así atemoriza Al·lâh a sus siervos. ‘¡Guardaos de Mí, pues, siervos míos!’” (Sura 39 ‘Los Grupos’: 14 – 16).

O bien, la persona puede ser un siervo de falsos dioses, como su pasión, los ídolos, las imágenes, el dinero, los sistemas o los propios seres humanos. Si hace así, su espíritu padecerá, su corazón se desmembrará y perderá tanto en esta vida como en la otra. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Y qué te parece quien ha divinizado su pasión, aquel a quien Al·lâh ha extraviado a sabiendas, sellando su oído y su corazón, vendando sus ojos? ¿Quién podrá dirigirle después de Al·lâh? ¿Es que no os dejaréis amonestar?” (Sura 45 ‘La Arrodillada’: 23).

Dice Saied Qutb – que Al·lâh le colme de misericordia: “La servidumbre es necesaria, pues, si no se ejerce a Al·lâh, se ejerce a otro fuera de Él. La servidumbre a Al·lâh, únicamente a Él, libera a las personas haciéndolas libres, dignas, nobles y elevadas. Sin embargo, la servidumbre a otro fuera de Al·lâh devora la humanidad de las personas, su dignidad, su libertad y sus virtudes. Luego, finalmente, devora sus bienes y sus intereses materiales”.

La servidumbre es un estado de sumisión y obediencia exclusivamente basado en el amor y que une al siervo con su Señor. Desde este sentido, el alma desdeña escuchar algo semejante. Sin embargo, esta imagen porta en sí misma la nobleza, la dignidad y la libertad, cuando dicha servidumbre se realiza al Creador y al Originador del Universo. El Islam trajo la verdadera libertad que, únicamente se obtiene, a través de la servidumbre a Al·lâh, únicamente a Él. Esta servidumbre es la que organiza toda la vida y, por lo tanto, no existe injusticia ni negligencia en el cargo de la responsabilidad desde su más amplio concepto. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh os ordena que restituyáis los depósitos a sus propietarios y que, cuando decidáis entre las personas, lo hagáis con justicia.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 58).

Por ello, no se permite que la gente se consuma mutuamente la hacienda con el robo, el engaño o la usura. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Creyentes! No os devoréis la hacienda injustamente unos a otros; es diferente si comerciáis de común acuerdo”. (Sura 4 ‘las mujeres’: 29).

Ni tampoco permite el Islam que se vulnere la dignidad de nadie ni permite el asesinato. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Y los siervos del Misericordioso] son aquellos que no invocan a otros dioses junto con Al·lâh, ni asesinan a nadie que Al·lâh haya declarado ilícito ni cometen adulterio. Quien tal comete, incurre en pecado”. (Sura 25 ‘El Discernimiento’: 68).

Es pues, con esa servidumbre, con la que se guardan los derechos, tal y como Al·lâh ha ordenado, cuando dijo: “¡Servid a Al·lâh y no le asociéis nada. Tratad de la mejor manera a vuestros padres, a vuestros parientes cercanos, a los huérfanos, a los pobres, a los vecinos – sean parientes o no – al compañero de viaje, al viajero y a vuestros siervos. Ciertamente, Al·lâh no ama al presumido, al jactancioso.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 36).

Es, en ese estado, con el que perdona a quien comete un mal, pasa por alto a quien se equivoca, y donde la tolerancia y la indulgencia gobiernan su actitud, tal y como Al·lâh ha ordenado: “Sé indulgente, ordena el bien y apártate de los ignorantes” (Sura ‘los lugares elevados’. 199).

En el mundo de hoy, el ser humano vive en un ansia continua y un afán por alcanzar la libertad deseada con la que quiere sentirse suelto y sin ligaduras, y hacer lo que quiera y dejar aquello que no desee. Por el contrario, los musulmanes no desean una libertad en este sentido, sino que desean la servidumbre y se esmeran con todas sus fuerzas por ser siervos. ¿Pero siervos de quién? De Al·lâh – glorificado y ensalzado sea.

Y tienen razón en ello, pues esta servidumbre es la que les transporta a la verdadera libertad, donde nadie ostenta autoridad alguna sobre ellos. Y, el ser humano, no ha podido ni podrá alcanzar esta libertad si no es a través de la verdadera servidumbre, aquella que trajeron los mensajeros de Al·lâh, aquellos que fueron enviados – de un tiempo a otro – para renovar el Dîn (religión) de las personas y devolverlas a su Señor y Creador; y, así, éstos no podrán alegar ningún pretexto contra Al·lâh después de la venida de los profetas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Enviamos a cada comunidad un mensajero [que les transmitió]: ‘Servid a Al·lâh y alejaos de la idolatría’.  A algunos de ellos Al·lâh dirigió, mientras que otros merecieron el extravío. ¡Id por la tierra y fijaos cómo terminaron los desmentidores!” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 36).

La libertad absoluta, en realidad, no es sino anarquía o libertinaje, donde el rico se come al pobre, el fuerte somete al débil, la dignidad es transgredida, se devora la riqueza, se acaba con la vida de las personas, y los derechos y las obligaciones acaban perdiéndose. Ésta, no es sino la libertad animal y la ley de la selva, donde Al·lâh – bendito y ensalzado sea – reprueba a aquel que abandona servirle y se desboca en sus pasiones y sus deseos. Dice Al·lâh – ensalzado sea – explicando ello: “Hemos creado a muchos genios (ÿinn) y seres humanos que irán al infierno. Tienen corazones con los que no razonan, ojos con los que no ven y oídos con los que no oyen. Son como los rebaños. Ellos, son los despistados” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 179).

Los problemas de injusticia, guerras, crisis económicas, sociales y políticas que hoy día padece el mundo, tienen como causa principal el alejamiento del ser humano de la auténtica servidumbre a Al·lâh, aquella que ha legislado preceptos que son aptos tanto para el individuo como para la sociedad en su conjunto. Cuando estos preceptos se toman y se practican, es cuando toda la humanidad encuentra la felicidad, tanto en este mundo como en el otro. Y en el grado en que se alejen de su práctica, será la gravedad de sus problemas y crisis. Ello es porque cambiaron lo mejor por lo peor, a través de la implantación de sistemas y códigos civiles donde los errores abundan más que los aciertos y que han sido fundamentados sobre deseos personales y directrices políticas que, finalmente,

acabaron conduciéndoles a estos fracasos. Al·lâh dice la verdad: “¿Acaso no va a saber quien ha creado, siendo que Él es el sutil, el bien informado?” (Sura 67 ‘El Dominio’: 14).

Cuando la servidumbre a Al·lâh de los primeros musulmanes se manifestaba en todos los ámbitos de su vida – tanto el político, como el social, el moral y el económico – pudieron gobernar el mundo. Y, su gobierno, fue un bien para toda la humanidad, pues no se permitía la injusticia ni el despotismo ni devorar los derechos ajenos ni aprovecharse de los bienes de los pueblos. Es más, gente no musulmana esperaban su gobierno al de otras personas de otras religiones, al contemplar la justicia y la equidad; al contrario de lo que ocurre en la realidad con la mayoría de los musulmanes, que creen en parte del Libro y niegan otra parte, sirviendo a Al·lâh con aquello que es conforme a sus pasiones y deseos, y desentendiéndose de todo aquello que va en contra de estos dos. Entonces, sus enemigos lo aprovecharon para tomar a aquellos cuyos corazones albergaban alguna enfermedad, pasiones y amor por esta vida. Y, por medio de ello, lograron someterles, humillarles y saquear sus bienes. Al·lâh dice la verdad cuando aclara este asunto: “Esto es así, porque Al·lâh no cambia la gracia que dispensa a un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí mismo tiene. Al·lâh es quien todo lo oye, el Omnisciente” (Sura 8 ‘Los Botines’: 53).

Su mismo Mensajero les advirtió de ello cuando les dijo: “¿Cómo estaréis cuando os avengan cinco cosas? – y me refugio en Al·lâh de que éstas estén ya en vosotros o que os alcancen. […] Cuando no haya gobierno con aquello que Al·lâh hizo descender, Al·lâh otorgará el poder a vuestros enemigos contra vosotros y, así, algo de lo que tienen en sus manos; y siempre que abandonen el Libro de Al·lâh y la sunna de su Profeta, Al·lâh dispondrá el mal entre ellos”. Ésta es la realidad de la comunidad musulmana cuando ha dejado la servidumbre a Al·lâh. Que Al·lâh nos asista.

 

 

 

EL CORÁN Y SU VISIÓN GLOBAL DE LA CREACIÓN:

De las cosas que han ocupado el pensamiento humano a lo largo de los siglos, es el asunto de la creación, su existencia y lo que hay en ella. Estos esfuerzos han dado como resultados asuntos que únicamente pueden considerarse simples conjeturas, lejanas de toda lógica y razón, pues desconocían la realidad que no será conocida sino a través de Aquel quien le dio la existencia. El Sagrado Corán ofrece y muestra  una cadena de ideas lógicas y racionales que transmite seguridad y sosiego en sus aleyas respecto a esta cuestión, respondiendo a las cuestiones que se plantea la mente humana y aclarando en ellas el comienzo de la existencia de este mundo, lo que hay en él, el fin para el que fue creado, su final y su destino.

 

LOS COMIENZOS DE LA CREACIÓN DEL SER HUMANO:

Es conveniente, como introducción, citar las palabras de Al·lâh – ensalzado sea: “Él es el Primero, el Último, el Manifiesto y el Oculto. Él es Omnisciente” (Sura 57 ‘El Hierro’: 3)

Y donde habla sobre sí mismo diciendo: “Él es Al·lâh, Uno. * Al·lâh es el eterno. * No engendró ni fue engendrado. * Y no tiene parangón". (Sura 112 ‘La Sinceridad Pura’).

Muhammad, el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – fue preguntado sobre la esencia de este mundo y su existencia por un grupo de personas que vinieron del Yemen. Éstos le dijeron: ‘Hemos venido para comprender nuestro Dîn (religión)  y para preguntarte sobre cuál fue el principio de este asunto’. El Profeta les dijo: “Era Al·lâh y no existía absolutamente nada y su Trono se encontraba sobre el agua. Tras ello, creó los cielos y la Tierra, y escribió todo en el Recuerdo (dikr)”.

Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no reparan aquellos que se niegan a creer que los cielos y la Tierra formaban una masa homogénea y la disgregamos, y que creamos, a partir del agua, a todo ser viviente?” (Sura 21 ‘Los Profetas’: 30).

Al·lâh creó, pues, el mundo, los cielos y la Tierra, y todo ello estaba unido entre sí, adherido y aglutinado; es decir, al principio, una cosa estaba sobre la otra. Entonces, Al·lâh las dividió e hizo los siete cielos y las siete tierras, separando entre el cielo del mundo y la tierra con la atmósfera. Luego, el cielo descargó la lluvia y la Tierra  hizo brotar diferentes plantas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Originador de los cielos y la Tierra. Cuando dictamina un asunto le dice: ‘sé’, y es”. (Sura 2 ‘La Vaca’: 117).

Tras ello, Al·lâh creó a Adam, el padre de los seres humanos, en el paraíso e hizo que los ángeles se postrasen ante él. Sin embargo, Iblîs (Satán), el padre de los demonios, se mostró altivo y se negó a postrarse a Adam, portando el rencor y la envidia a Adam, quien había sido honrado por Al·lâh y preferido sobre él. Este hecho fue el principio de la enemistad entre el ser humano e Iblîs, padre de los demonios. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y cuando tu Señor dijo a los ángeles: ‘Voy a crear un ser humano a partir del barro’. * Y cuando le haya dado forma e insuflado en él mi espíritu, caed prosternados ante él’. * Los ángeles lo hicieron, todos juntos, * salvo Iblîs, que se mostró altivo y fue de los que se negaron. * [Al·lâh] dijo: ‘¡Iblîs! ¿Qué es lo que te ha impedido prosternarte ante lo que Yo he creado con mis manos? ¿Ha sido por altivez o por arrogancia?’. * [Iblîs] dijo: ‘Yo soy mejor que él: a mí me creaste de fuego, mientras que a él le creaste de arcilla’. * [Al·lâh] dijo: ‘¡Sal de aquí! ¡Maldito seas! * ¡Mi maldición te perseguirá hasta el día del Juicio!’. * [Iblîs] dijo: ‘¡Señor! Permíteme vivir hasta el día en que sean resucitados’. * [Al·lâh] dijo: ‘Serás, pues, de aquellos a quienes se ha concedido una prórroga * hasta el día del tiempo señalado’. * [Iblîs] dijo: ‘¡Por tu poder, que he descarriarles a todos,* salvo a aquellos de tus siervos sinceros!’. * [Al·lâh] dijo: ‘La verdad es y la verdad declaro: * que he de llenar el infierno contigo y todos aquellos que te sigan’.” (Sura 38 ‘Sâd’: 71 – 85).

 

Tras ello, Al·lâh creó la esposa de Adam, Eva (Hawâ) – la paz sea con ambos – para que  encontrase en ella quietud, disfrutar de su compañía y sentirse bien con ella, y así, ello, fuese el comienzo de la reproducción humana. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Seres humanos! Guardaos de vuestro Señor que os ha creado a partir de un solo ser y del que creó a su cónyuge, y, a partir de ambos, diseminó un gran número de hombres y mujeres. Guardaos de Al·lâh por el cual reclamáis vuestros derechos y guardad vuestros lazos de sangre. Ciertamente, Al·lâh siempre os observa” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 1).

Su morada inicial se encontraba en el paraíso. Su Señor les explicó a ambos que Iblîs era su enemigo y, así, estuviesen advertidos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Dijimos: ‘¡Adam! Éste es tu enemigo y el de tu mujer, por ello, no permitáis que os expulse del paraíso, pues, si así ocurre, caerás en la desdicha. * En él, no sufrirás hambre ni desnudez; * ni sufrirás sed ni el ardor del sol.” (Sura 20 ‘Tâhâ’: 117 – 119).

Al·lâh les permitió comer y disfrutar de todos los deleites que había en el paraíso, pero les prohibió que no se acercasen a un único árbol y comiesen de él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Dijimos: ¡Adam! Habita con tu esposa en el paraíso y comed de él cuanto y donde queráis, pero no os acerquéis a este árbol, pues, de lo contrario, seréis de los injustos’.” (Sura 2 ‘la vaca’: 35).

Sin embargo, la maquinación, el engaño y la falsedad de Iblîs consiguió sacar a Adam, el padre de la humanidad – la paz sea con él – y a su mujer del paraíso, después de haberles susurrado para que comiesen del árbol del que su Señor les había vedado comer. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Entonces, el demonio les insinuó el mal, diciéndole: ‘¡Adam! ¿Quieres que te indique el árbol de la inmortalidad y un dominio imperecedero?’. * Entonces, al comer del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del paraíso. Adam, había desobedecido a su Señor y, por ello, se descarrió. * Luego, su Señor le eligió, se volvió a él y le guió”. (Sura 20 ‘Tâhâ’: 120 – 122).

El castigo que recibieron Adam – la paz sea con él – y su mujer tras haber desobedecido ambos a su Señor, fue la expulsión del paraíso y su descenso a la Tierra que su Señor había creado para ellos quinientos años antes de la creación de ambos, como morada para ellos y su descendencia; un lugar donde serían probados y examinados. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Dijimos: ‘¡Descended todos de él! Si pues, recibís de mí una dirección, no tendréis nada que temer ni os entristeceréis. * Pero quienes se nieguen a reconocer la verdad y desmientan nuestro signos serán los moradores del infierno, donde permanecerán eternamente’.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 38 – 39).

Con la salida de ambos del paraíso y su descenso a la Tierra, comenzó la enemistad y empezó Iblîs a llevar a cabo los planes que prometió a Adam y a su descendencia tras haber sido expulsado del paraíso y descendido a la Tierra. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Dijo [Al·lâh]: “¡Iblîs! ¿Qué te pasa que no te unes a los que se prosternan?’. * Dijo [Iblîs]: ‘Yo no voy a prosternarme ante un ser humano que has creado de barro arcilloso, maleable’. * Dijo [Al·lâh]: ‘¡Sal de aquí! ¡Maldito seas! * Ciertamente que serás maldito hasta el día del Juicio’. * Dijo [Iblîs]: ‘¡Señor! Déjame esperar hasta el día en que sean resucitados’. * Dijo [Al·lâh]: ‘Seas, pues, de aquellos a quienes se ha concedido una prórroga * hasta el día conocido’. * Dijo [Iblîs]: ‘¡Señor! Por haberme tú descarriado, he de engalanarles sus obras en la Tierra y he de descarriarles absolutamente a todos, * salvo a aquellos de tus siervos que sean sinceros’. * Dijo [Al·lâh]: ‘Ésta es, para mí, una senda recta. * No tendrás, pues, autoridad alguna sobre mis siervos, salvo sobre los descarriados que te sigan’. * La gehena será la cita de todos ellos.” (Sura 15 ‘El Pueblo de Hegra: 32 – 43).

          Al principio, las personas constituían una sola comunidad. Después, se multiplicaron y se diseminaron por la tierra para aprovisionarse y buscar las fuentes del sustento. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “La humanidad constituía una sola comunidad. Después, Al·lâh envió a los profetas, como portadores de albricias y advertidores, y reveló, con ellos, la Escritura con la verdad, para que así, Al·lâh decida entre las personas sobre aquello en lo que discrepaban”. (Sura 2 ‘La Vaca’: 213).

Tras ello, llegó la verdad se dividieron y se extendieron por todos los lugares del mundo como resultado de esa proliferación humana. Por justicia divina, Al·lâh envió mensajeros para esas personas diseminadas por regiones de la Tierra, como portadores de la buena nueva y advertidores, y como argumento; y así, devolverles a la creencia correcta y su Dîn fundamental. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Enviados, [como] portadores de albricias y advertidores, para que las personas no puedan alegar ningún pretexto ante Al·lâh después de la venida de los mensajeros. Al·lâh es Poderoso, Sapientísimo.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 165).

Quien obedezca, pues, a esos enviados y mensajeros con aquello que vinieron por parte de Al·lâh, accederá al paraíso; en cambio, quien les desobedezca y se muestre altivo con aquello que trajeron de la verdad, su destino será el infierno. Dice Al·lâh: “¡Hijos de Adam! Si vienen a vosotros mensajeros salidos de entre vosotros transmitiéndoos mis signos, quien se guarde y enmiende, no tendrá nada que temer ni se entristecerá. * Pero quien desmienta mis signos y se muestre soberbio frente a ellos, ésos serán los moradores del infierno en los que habitarán eternamente’.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 35 – 36).

Los profetas – la paz sea con ellos –, pues, recordaban a su respectiva gente la enemistad de Iblîs para con ellos y les advertían de que no se dejasen desviar del camino recto que Al·lâh eligió para ellos y aclaró por medio de sus enviados y profetas. Ese desvío se daría si se dejasen llevar por sus pasiones, sus deseos y el modo en que el demonio les engalana falsamente sus obras. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Hijos de Adam! Que el demonio no os tiente, tal y como hizo cuando sacó a vuestros padres del paraíso, despojándoles de su vestidura para mostrarles su desnudez. Él y sus lacayos os ven de modo que vosotros no les veis. A los que se niegan a creer les hemos asignado demonios como amigos.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 27).

 

LA SAPIENCIA (HIKMAH) QUE ENCIERRA LA CREACIÓN DEL SER HUMANO

Es algo indiscutible y lógico el hecho que las personas no inviertan sus vidas, su tiempo, sus esfuerzos y su dinero en inventar o producir algo que no tenga un fin, obtengan un beneficio con ello o eviten un perjuicio. Esto es algo evidente y testimoniado. Lo que se exige de toda invención humana es que les traiga un interés, sin tener en cuenta si este interés les aporta una retribución negativa (sayyi’ah) o una retribución positiva (hasanah). Al·lâh – bendito y ensalzado sea – ostentador del ejemplo más sublime, no ha creado la creación en balde ni dejó al ser humano como irresponsable de sus actos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso pensáis que os hemos creado sin ningún fin y que no seréis devueltos a Nosotros? * ¡Exaltado sea Al·lâh, el Rey verdadero! No hay más dios que Él. Él es el Señor del noble Trono” (Sura 23 ‘Los Creyentes’: 115 – 116).

Al·lâh no ha creado este mundo y lo que hay en él, ni en balde ni para pasar el rato – ¡Santo y glorificado sea Al·lâh de ello! Lo creó por una sapiencia prócer. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No hemos creado los cielos y la Tierra y lo que en ellos hay para jugar. * Si hubiésemos buscado la diversión, lo habríamos hecho por Nuestra cuenta; de habérnoslo propuesto así.” (Sura 21 ‘los profetas’ 16 – 17). Al·lâh creó a los seres humanos prefiriéndoles sobre todas las criaturas y haciendo de ellos regentes en la Tierra para que llevasen a cabo una obligación concreta: un fin que Al·lâh – ensalzado sea – explicó diciendo: “No he creado a los genios (ÿinn) ni a los seres humanos sino para que me sirvan. * No quiero de ellos sustento alguno ni que me alimenten. * Al·lâh es el Sustentador, el Fuerte, el Firme.” (Sura 51 “Los que levantan los vientos”: 56 – 58).

Al·lâh creó y preparó para ellos todo aquello que les permitiera vivir. Les envió sus mensajeros para que las personas viviesen conforme a lo que Él desea y no conforme a lo que ellos deseen; conforme a su legislación y el método que a Él le complace para ellos – y Al·lâh ostenta el ejemplo más sublime. A ningún ser humano le gusta que alguien venga a dictarle condiciones respecto a qué debe hacer con aquello que posee. Igualmente, Al·lâh – glorificado sea – crea lo que quiere y hace lo que quiere. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Tu Señor crea y elige lo que quiere. No les incumbe el elegir. ¡Gloria a Al·lâh! ¡Está por encima de aquello que le asocian!” (Sura 28 ‘Los Relatos’: 68).

Este es el fin de la creación de todo el universo, incluyendo el de los mundos visibles e invisibles, para que el ser humano realice, a través de ellos, la servidumbre a Al·lâh, y para que, valiéndose de todo cuánto existe en él, les guíe a conocerle y les ayude a servirle. Al·lâh no creó a las personas para ser Él más fuerte o para que le aportasen algún tipo de beneficio o le evitasen algún tipo de mal. Las personas están necesitadas de Él, mientras que Él se basta por sí mismo y no precisa de nadie, tal y como informó Al·lâh de ello cuando dijo: “¡Seres humanos! Sois vosotros los necesitados de Al·lâh, mientras que Al·lâh se basta a sí mismo y no precisa de nadie.” (Sura 35 ‘El Originador’: 15).

 

 

 

 

LAS ETAPAS DE LA ESPECIE HUMANA

El Sagrado Corán cita la cadena de las diferentes etapas por las que pasa el ser humano. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Aquel que creó de la mejor manera e hizo que el comienzo en la creación del ser humano fuese de barro. * Después, hizo que su descendencia surgiera de una gota [de esperma] insignificante. * Luego, le dio su forma e insufló en él un espíritu creado por Él, y les otorgó el oído, la vista y el corazón. Sin embargo, es poco lo que agradecéis.” (Sura 32 ‘La Postración’: 7 – 9).

Y no fue, como aquellos que predican, una creación que evolucionó de otra creación. Dice Al·lâh: “Hemos creado al ser humano en la mejor configuración.” (Sura 95 ‘La Higuera’: 4).

Al·lâh hizo que el ser humano pasase por una serie de etapas y estadios que le conducirían a la eternidad: bien en el paraíso o en el infierno. El Corán ha plasmado esas etapas de un modo sorprendente y sucinto, de tal modo que los propios científicos – a pesar de su gran conocimiento – se han encontrado incapaces de realizar la sublime descripción que hace el Corán de la vida del ser humano, desde su principio hasta su final, con palabras concretas y un excelso detalle, que prueban la veracidad del Corán y su mensaje. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Hemos creado al ser humano de fina arcilla. * Luego, le colocamos como gota [de esperma] en un receptáculo firme. * Después, creamos de la gota, un coágulo de sangre; del coágulo, un embrión; y del embrión, huesos que revestimos de carne. Luego, realizamos otra creación. ¡Bendito sea Al·lâh, el mejor de los creadores! * Tras ello, ciertamente, habréis de morir. Y, después, el día del Levantamiento seréis resucitados.” (Sura 23 ‘Los Creyentes’: 12 – 16).

Estas etapas son las siguientes:

1 – La existencia de la nada. El ser humano, en un principio, no era nada. Después, Al·lâh le dio la existencia y le hizo surgir de la nada. Este hecho, en sí mismo, es una prueba suficiente de la capacidad de Al·lâh de devolver la vida al ser humano tras su muerte, pues aquel que le ha dado la vida y le ha hecho surgir de la nada, es capaz de hacerlo otra vez. Es más, el hecho de devolverle la vida es más fácil para Él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no hubo un tiempo en el que el ser humano no fue nada? * Hemos creado al ser humano a partir de una gota [de esperma] – de diferentes componentes – para probarle. Por ello, le hemos otorgado el sentido del oído y de la vista.” (Sura 76 ‘El Ser Humano’ 1 – 2).

 

2 – El vientre de la madre. En esta etapa, igualmente, el ser humano pasa por una serie de estadios hasta completar su desarrollo y se le insufla su espíritu vital, viniendo a este mundo con la forma con la que Al·lâh le creó, tal y como Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – ha citado en la aleya anterior. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Al·lâh] os ha creado en el vientre de vuestras madres, creación tras creación, en medio de tres oscuridades. Ése es vuestro Señor, suyo es el Dominio. ¡No hay más dios salvo Él! ¿Cómo, pues, actuáis así?” (Sura 39 ‘Las Filas’: 6).

Al·lâh ha preparado a este ser humano en el vientre de su madre una serie de medios y fuerzas para que pueda subsistir durante toda la vida, con la adaptación al clima, su robusta configuración que le capacita para aguantar los golpes, y hace que le lleguen las fuerzas que le dan vida, como la comida y cosas similares, sin adición ni mengua. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no os hemos creado de un fluido insignificante, * os depositamos en un receptáculo seguro * por un tiempo determinado * y, entonces, decretamos? ¡Qué bien decretamos!” (Sura 76 ‘Los Enviados en Ráfagas’: 20 – 23).

 

3 – La vida de este mundo (dunyà). Se trata de la etapa de la responsabilidad, la prueba y el examen, otorgando Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – al ser humano los sentidos del oído, la vista y la razón, con los que puede – a través de ellos – discernir entre la verdad y la falsedad, así como el conocimiento útil y el perjudicial. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh os ha sacado del vientre de vuestras madres sin que supieseis nada. Luego, os otorgó el oído, la vista y los corazones. Así, tal vez, seáis agradecidos.” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 78).

Así, Al·lâh creó al ser humano en la mejor de las configuraciones y otorgó a su cuerpo los miembros que le capacitan para aprovechar los recursos de este mundo. También le proveyó con miembros internos que le mantienen y fortalecen. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no veis que Al·lâh puso a vuestro servicio lo que hay en los cielos y en la Tierra, y os ha colmado con sus dádivas, tanto las visibles como las invisibles? Hay personas que discuten sobre Al·lâh sin conocimiento, sin dirección, ni Escritura luminosa” (Sura 31 ‘Luqmân’: 20).

Y, ya que Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – no creó al ser humano sino para que le sirviese, los agració enviándoles mensajeros, acompañados de libros revelados, para aclararles cómo debían servirle e indicarles el camino de la verdad y, así, lo siguiesen, mostrándoles el camino del mal y tuviesen cuidado de él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No hemos enviado a los mensajeros sino como portadores de albricias y advertidores. Quienes crean y obren rectamente, no tendrán nada que temer y no se entristecerán.” (Sura 6 ‘Los Rebaños’: 48).

Al·lâh creó para el ser humano este mundo y lo que en él hay, haciéndolo dócil y, así, pudiese trabajar la tierra con el cultivo, la agricultura, la industria y todos los medios de vida, y para que disfrutase de ellos y le ayudase en la servidumbre y en la declaración de la unicidad de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Él es quien os ha hecho la Tierra dócil. Recorredla, pues, de un lado a otro, y comed de su sustento; ya que ante Él compareceréis.” (Sura 67 ‘el Dominio’: 15).

Igualmente, para encontrar, a través de las criaturas que hay en este mundo, un gran espacio para reflexionar y meditar en la capacidad del Creador y, así, aumente su fe y su convencimiento. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “En la creación de los cielos y de la Tierra, y en la sucesión de la noche y el día, en las naves que surcan el mar con aquello que es provechoso para los seres humanos, en el agua que Al·lâh hace descender del cielo vivificando con ella la tierra después de muerta, diseminando por ella toda clase de criaturas, en la variación de los vientos, en las nubes sujetas entre el cielo y la Tierra, hay, ciertamente, signos para gente que razona.” (Sura 2 ‘La Vaca’:164).

 

 

 

Las pruebas racionales del Sagrado Corán sobre la Resurrección:

En vista a que el tema de la Resurrección tras la muerte es uno de los temas que más turbación ha causado a la humanidad, y que ha sido negada por todo aquel en cuyo corazón no ha entrado la fe, el Corán ha aclarado que éste no es un tema nuevo, sino que es tan antiguo como el propio ser humano. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Quienes se niegan a creer dicen que no serán resucitados. Di: ‘Sí. Por mi Señor os digo que seréis resucitados y, después, seréis informados sobre aquello que hicisteis. Ello es algo fácil para Al·lâh’.” (Sura 64 ‘La Reunión’: 7).

Los argumentos que demandaban a sus mensajeros aquellos que negaban la Resurrección para que se la demostrasen, eran muy débiles y estaban basados en la altivez y la arrogancia. Si no, que se fijen en su primera creación. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Cuando se les recita nuestras claras aleyas, lo único que arguyen es: ‘haced volved a nuestros padres, si es que sois veraces’.” (Sura 45 ‘La Arrodillada’: 25).

Sin embargo, la negación de la resurrección es una forma en que el demonio susurra al ser humano para hacer que se aleje de la fe. Son muchas las aleyas coránicas que confirman la realidad de la existencia de Al·lâh y su capacidad de resucitar a la gente; aleyas que, desde el principio, instan al ser humano para que medite en ello. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “El ser humano dice: ‘¿Cuando muera se me devolverá a la vida?’ * ¿Acaso no recuerda el ser humano que, ya cuando no era nada, Nosotros le creamos?” (Sura 19 ‘María’: 66 – 67).

Incluso desde una analogía propiamente humana, cuando alguien produce alguna cosa, es capaz de realizar otra cosa igual; y a Al·lâh es a quién pertenece el ejemplo más sublime. Por lo tanto, aquel que dio la existencia al ser humano antes ya de no ser nada, es capaz de volver a darle la vida después de haber muerto. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Él es quien inicia la creación y, después, la vuelve a realizar; y ello, le es aún más fácil. A Él pertenece el símil más sublime en los cielos y en la Tierra. Él es el Poderoso, el Sapientísimo.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 27).

Hay muchas aleyas del Corán que están repletas de convencimiento para que la persona se deshaga de su aferramiento y fanatismo religiosos, juzgando con su razón y convergiendo con lo que siente su propia inclinación natural (fitrah) y desprendiéndose de toda influencia exterior. De entre estas aleyas citamos:

  •  La reflexión en los orígenes y la primera formación del ser humano, pues quien es capaz de realizarlo una vez, es capaz de volver a hacerlo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no se ha fijado el ser humano en que Nosotros le hemos creado a partir de una gota [de esperma], y ahí le tienes como un claro porfiador? * Nos propone un símil y se olvida de su propia creación, diciendo: ‘¿quién revivirá a los huesos estando éstos podridos?’ * Di: ‘los revivirá Aquel que los originó una primera vez. Él conoce muy bien toda creación’.” (Sura ‘Yâsîn’: 77 – 79). 

 

  • La reflexión en las diferentes etapas de la creación del ser humano. Dice Al·lâh: “¿Piensa el ser humano que no van a ocuparse de él? * ¿Acaso no fue una gota [de esperma] eyaculada * y, después, un embrión? Luego [Al·lâh le] creó y configuró * haciendo de él las dos parejas: el varón y la hembra. * ¿Acaso ese tal no será capaz de revivir a los muertos?” (Sura 75 ‘EL Levantamiento’: 36 – 40). 

 

  • La reflexión en cómo Al·lâh revive la tierra muerta haciendo brotar de ella todo tipo de plantas, después de haber estado yerma y no haber en ella ningún signo de vida. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ves, entre sus signos, que la tierra está muerta. Y, cuando hacemos descender el agua sobre ella, se reanima y reverdece. Ciertamente, aquel que la revive es capaz de revivir a los muertos. Él es Omnipotente” (Sura 41 ‘Aclarada Detalladamente’: 39).

 

  • La reflexión en la creación de este mundo, lo que contiene e, incluso, aquello que es mucho más inmenso que la propia creación del ser humano. Por ello, aquel que ha creado el mundo no es para nada incapaz de devolver la vida a los muertos que, en realidad, no representan sino una porción ínfima del mismo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no se dan cuenta que Al·lâh – que ha creado los cielos y la Tierra sin cansarse en ello – es capaz de revivir a los muertos? Pues sí, Él es Omnipotente.” (Sura 46 ‘Las Dunas’: 33).

 

  • La reflexión en el hecho del dormir y el despertar del ser humano, pues representa una pequeña muerte a la que sucede la vida. La muerte del ser humano representa la gran muerte que, tras ella, sucederá otra vida. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh toma las almas en el momento en que mueren; y, durante el sueño, aquellas a las que no les ha llegado su hora. Entonces, retiene aquellas a las que ha decretado la muerte y suelta las otras, hasta un plazo determinado. En ello hay signos para gente que reflexiona.” (Sura 39 ‘Las Filas’: 42). 

Tras ello, Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – aclara a quienes niegan la resurrección, otro asunto que piensan mucho más grandioso y difícil. Se trata de la capacidad de Al·lâh – pues no es incapaz de nada – de resucitar toda la creación en su totalidad y en su conjunto, después de dado la muerte a todas las personas desde el primero de los seres humanos: Adam. O, incluso, hacer desaparecer toda la creación de una sola vez con una sola orden. Ello es porque su orden, cuando su voluntad desea algo, le dice tan solo ‘sé’, y es; y Al·lâh es quien ostenta el símil más sublime. Así pues, en nuestra vida cotidiana, con apretar un único interruptor, puedes iluminar una ciudad en su totalidad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Crearos y resucitaros cuesta a Al·lâh lo mismo que dar la vida a una sola persona. Ciertamente, Al·lâh, todo lo oye, todo lo ve.” (Sura 31 ‘Luqmân’: 28).

Todas las aleyas del Corán han sido reveladas para que sean meditadas, se reflexione en ellas y se tome lección de las mismas. Y Al·lâh el Inconmensurable dice la verdad: “Hemos facilitado el Corán para el recuerdo, pero ¿acaso hay quien reflexione?” (Sura 54 ‘La Luna’: 40).

 

4 – La vida en el barzaj. Se trata de una vida que vivirán todos los seres humanos tras su muerte. La muerte, pues, no es el final de la vida humana, sino que se trata del verdadero principio, donde las personas se trasladan de una vida a otra llamada el barzaj, hasta que Al·lâh dé su orden para que desaparezca toda forma de vida existente y no quede más que aquello que Al·lâh desee que reste. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Se tocará la trompeta. Y todos los que se encuentren en los cielos y en la Tierra caerán fulminados, salvo los que Al·lâh quiera. Después, volverá a tocarse la trompeta, y ahí les verás en pie, mirando.” (Sura 39 ‘las filas’: 68). 

          En esta etapa, el ser humano se encontrará muerto en el mundo, vivo en otro; bien sufriendo un tormento, o bien disfrutando – conforme a las obras que haya realizado –, ya sea en su tumba, en el interior de un pájaro o de una bestia, en el fondo de los mares, o como polvo esparcido en el aire. Al·lâh lo explicó cuando nos informó sobre Faraón y su gente, aquellos que se negaron a creer y murieron ahogados: “… el fuego, al que serán expuestos mañana y tarde; y el día de la Hora [se les dirá]: ‘¡Familia de Faraón, acceder al castigo más tormentoso!’.” (Sura 40 ‘Perdonador’: 46). 

Tras ello, se tocará la trompeta por segunda vez – la segunda llamada – donde se anunciará la llegada de la Hora y la resurrección de todas las personas para la toma de cuentas. La gente se olvidará de todo a causa del terror que les producirá aquello que oirán y presenciarán. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Seres humanos! Guardaos de vuestro Señor. Ciertamente, el terremoto de la Hora será algo inmenso. Ese día veréis a toda nodriza olvidar al niño al que esté amamantando y toda embarazada abortará. Y creerás ver a la gente, sin estarlo, ebria; pero será debido al castigo de Al·lâh, que será severo.” (Sura 22 ‘La Peregrinación’: 1 – 2).

Será, entonces, cuando se destruyan todas las estructuras del mundo, con su sol, su Tierra, sus astros y sus órbitas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Cuando el sol sea obscurecido, * cuando las estrellas se apaguen, * cuando las montañas sean puestas en marcha, * cuando los vínculos familiares queden nulos, * cuando las bestias salvajes sean reunidas, * cuando los mares sean hinchados, * cuando las almas vuelvan a ser emparejadas, * cuando se pregunte a la niña enterrada viva * qué delito cometió para que la matasen, * cuando los pergaminos sean desplegados, * cuando el cielo sea desollado, * cuando el fuego de la gehena sea avivado, cuando el paraíso sea acercado.” (Sura 81 ‘El Oscurecimiento’: 1 – 13).

 

5 – La toma de cuentas. Al·lâh resucitará a todas las criaturas: seres humanos y animales, y las reagrupará para dictar su fallo el día del Levantamiento y rendirles sus cuentas con justicia y sin tratar injustamente a nadie en absoluto. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Para el día del Levantamiento dispondremos las balanzas de equidad y nadie será tratado injustamente en nada. Aunque se trate del peso de un grano de mostaza se tendrá en cuenta. Bastamos Nosotros para ajustar cuentas.” (Sura 21 ‘Los Profetas’: 47).

          A toda comunidad se le rendirá cuentas conforme aquello que Al·lâh legisló por medio del mensaje de sus enviados. Será entonces cuando el creyente será retribuido positivamente y el desmentidor será castigado. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “El día que llamemos a todas las personas junto a sus guías y les sean entregados sus registros. Aquellos a quienes se les dé su registro en su diestra, ésos leerán su escritura y no serán tratados injustamente en nada. * Quien haya estado ciego en esta vida continuará ciego en la otra, y aún se extraviará más del Camino.” (Sura 17 ‘El Viaje Nocturno’: 71 – 72).

Tras ello, se juzgará entre las criaturas, tal y como lo explicó Muhammad, el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – cuando dijo: “¿Sabéis quién es el arruinado?”. La gente dijo: ‘El arruinado, entre nosotros, es aquel que no tiene dinero ni posesiones’. El Profeta dijo: “El arruinado de mi comunidad será aquel que venga el día del Levantamiento con su oración (salâh), su ayuno y su azaque (zakâh) y, a la vez, insultó, injurió, consumió la hacienda de alguien, asesinó a uno y golpeó a otro. Entonces, aquellos que sufrieron su injusticia tomarán de sus buenas retribuciones (hasanât) y, antes de que se acabe de tomarle cuentas, se tomará de los errores de los otros. Así, estará cargado de faltas y, después, será lanzado al infierno”.

Forma parte de la perfecta justicia de Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – que las propias bestias tomarán cuentas de otras el día de la toma de cuentas. Dijo el Profeta – la paz y las bendiciones sean con él: “Debéis conceder los derechos a quienes le pertenecen. Incluso, el carnero que no tiene cuernos, pedirá cuentas del carnero que tenía cuernos y le corneó [en esta vida]”.

Cuando se ajusten las cuentas entre las bestias, Al·lâh se dirigirá a ellas y les dirá: ‘Sed tierra [polvo]’. Entonces, aquel que negaba la verdad dirá: ‘¡Ay de mí! ¡Ojalá fuese tierra!’, al ver con certeza cómo acabará. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Os hemos advertido la llegada de un tormento cercano. El día en que el ser humano visualice aquello que realizó, y aquel que negó la verdad diga: ‘¡Ay de mí! ¡Ojalá fuese tierra!’.” (Sura 78 ‘La Noticia’: 40).

Tras ello, la gente se dividirá en dos grupos: una vida eterna donde unos tendrán el paraíso y el deleite, y otros tendrán el infierno y la gehena. Ésta será la lamentación de los desmentidores extraviados. Es por ello por lo que la gente de la actuación debe obrar y la gente de la reflexión debe meditar. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “El día en que se levante la Hora se dividirán. * Entonces, aquellos que creyeron y obraron piamente se regocijarán en un jardín.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 14 – 16).

6 – La morada postrera. Los creyentes que dieron por veraces a los mensajeros que les fueron enviados y llenaron su tiempo con la obediencia a Al·lâh, siguiendo sus órdenes y absteniéndose de sus restricciones, estarán en el paraíso del deleite eterno; y donde encontrarán lo que ningún ojo ha visto, lo que ningún oído ha escuchado, ni lo que el corazón de ningún ser humano se haya podido imaginar en felicidad y belleza eternas. Una vida perpetua e imperecedera, tal y como informó de ello Al·lâh – ensalzado sea – cuando dijo: “En él tendrán todo cuando deseen, inmortales. Es una promesa imperiosa para tu Señor.” (Sura 25 ‘el discernimiento’: 16).

          En él comerán, beberán, y no sentirán ganas de escupir, ni orinarán, ni defecarán, ni tendrán mucosidades; todo aquello que coman o beban allí será transpirado y tendrá el aroma del almizcle. No habrá enfermedades ni dolencias. Alguien proclamará diciendo: ‘aquí estaréis sanos y nunca enfermaréis, por siempre jamás. Viviréis y nunca moriréis, por siempre jamás; seréis jóvenes y nunca envejeceréis, por siempre jamás; viviréis en el deleite y nunca sufriréis, por siempre jamás; tal y como informó de ello el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él.

En cuanto a aquellos que negaron la verdad desmintiendo a los mensajeros y aquello que trajeron, estarán en el infierno y permanecerán eternamente en él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Aquellos que negaron la verdad, en cambio, sufrirán el fuego de la gehena. Agonizarán sin acabar de morir y no se les aliviará el tormento. Así es como retribuimos a todo desagradecido. * En ella gritarán: ‘¡Señor! ¡Sácanos de aquí y obraremos bien, no como lo hacíamos!’. [Al·lâh les dirá]: ‘¿Es que acaso no os dimos una vida suficientemente larga como para que se dejara amonestar quien quisiera hacerlo? El advertidor vino a vosotros. ¡Gustad, pues! Los injustos no tendrán nadie quien les auxilie.” (Sura 35 ‘Originador’: 36 – 37).

          Estarán en un tormento continuo, ininterrumpido. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “A quienes nieguen nuestros signos les arrojaremos a un fuego. Siempre que se les consuma la piel se la repondremos, para que, así, prueben el tormento. Ciertamente Al·lâh es Poderoso, Sapientísimo.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 56).

Su alimento será đarî‘, el peor tipo de espinas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “En él, no tendrán más alimento que đarî‘, que ni engorda ni sacia.” (Sura 88 ‘La Que Cubre’: 6 – 7).

El zaqqûm es un árbol que crece en lo más profundo de la gehena, y si una gota de este árbol alcanzase a la gente de este mundo, echaría a perder todo aquello con lo que viven. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “El árbol de zaqqûm * es el alimento del pecador. * Es semejante a metal fundido que hierve en las entrañas.” (Sura ‘El Humo’: 43 – 46).

El gislîn y el gusâq son los fluidos de la gente del infierno y que están compuestos por los humores, los puses y los sudores. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Hoy no tendrá, aquí, amigo ferviente, * ni alimento más que el de gislîn. * Algo que sólo comerán los descaminados.” (Sura 69 ‘La Inevitable: 35 – 37).

Su bebida será agua ardiendo que consumirá sus pieles y sus estómagos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Se les dará de beber agua tan ardiente, que les roerá las entrañas.” (Sura 47 ‘Muhammad’: 15).

Sus ropas serán túnicas de fuego cortadas sobre sus cuerpos, tal y como Al·lâh – ensalzado sea – aclaró cuando dijo: “… a quienes nieguen la verdad les confeccionaremos trajes  de fuego y se les derramará sobre la cabeza agua ardiendo * que les consumirá las entrañas y la piel, * y se empleará en ellos focinos de hierro. * Siempre, atribulados, cuando deseen salir de él, se les devolverá a él. ¡Gustad el tormento del fuego!” (Sura 22 ‘La Peregrinación’: 19 – 22).

Es, de aquí, donde comienza la verdadera vida en la morada de la estancia, la eternidad y el establecimiento para siempre jamás, pues ya no habrá muerte. Dijo el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él: “Cuando la gente del paraíso entre en él y la gente del infierno entre en él, un anunciador llamará diciendo: ‘¡Gente del paraíso, seréis inmortales y no moriréis! ¡Gente del infierno, seréis inmortales y no moriréis!”.

El ser humano inteligente, pues, se prepara para ese día y comienza un autoexamen para comprobar sus cuentas y, así, ver si se encuentra en el camino recto y la religión correcta, o no. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, Al·lâh no es injusto con nadie, sino que son ellos quienes son injustos consigo mismos.” (Sura 10 ‘Jonás’: 44).

La necesidad de la creación de tener un dios que servir.

El ser humano necesita de un dios al que adorar y al que someterse en cuerpo y alma. Y, del mismo modo que el cuerpo precisa de fuerzas para vivir, como la comida y la bebida, igualmente, los espíritus necesitan de un Creador que servir, para pedirle las cosas que necesiten, para humillarse ante Él, y para sentir tranquilidad y seguridad. La humanidad sin servidumbre a Al·lâh es semejante a rebaños: no tienen interés alguno que no sea el de saciar sus órganos sexuales y sus vientres. Ello, en sí mismo, es la causa de su perdición y de sus crisis psicológicas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, Al·lâh, introducirá a los creyentes y a quienes realicen buenas obras en jardines por cuyos bajos fluyen ríos. Aquellos que nieguen la verdad disfrutan y comen del mismo modo en que comen los rebaños, siendo que el infierno será su lugar de recompensa.” (Sura 47 ‘Muhammad’: 12).

Sin esta servidumbre, lo único que gobierna entre los seres humanos es la ley de la selva, donde el fuerte es injusto con el débil, el rico se aprovecha del pobre, no se trata con misericordia a los pequeños ni se respeta a los mayores, ni se ayuda al incapacitado ni al enfermo. Es una vida materialista basada, únicamente, en intereses y en obtener beneficios.

          El alma humana ha sido creada de tal modo que siente en su interior y reconoce la existencia de un Creador al que servir y quien le ha dado a él y a este mundo su existencia. Esto es lo que los científicos denominan como: ‘el hecho religioso’. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Conságrate al monoteísmo, la inclinación natural con la que Al·lâh creó a los seres humanos. No hay alteración en la creación de Al·lâh.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 30).

Dijo el Profeta – la paz y las bendiciones sean con él: “Toda persona nace en su esencia o inclinación natural (fitrah) y, después, son sus padres quienes le educan en el judaísmo, el cristianismo o el zoroastrismo”.

Los seres humanos, incluso aun desviándose de esa inclinación natural con la que Al·lâh les creó, ven como esa inclinación busca fervorosamente una fuerza a la que pedirle sus necesidades y la que recurrir en momentos de estrechez y desgracia. Es un hecho constatado en comunidades pasadas, donde sus miembros tomaban a los astros, los árboles y las piedras como divinidades. Este hecho religioso se encuentra en todos los seres humanos sin excepción alguna. Sin embargo, hay quien niega esta inclinación natural por pura arrogancia y soberbia, y otros, en cambio, la reconocen y creen. Esta esencia se manifiesta cuando es agitada, como por ejemplo, cuando la persona sufre una enfermedad o le aviene algo indeseado. Es, entonces, cuando comienza a clamar sin darse cuenta: ‘¡Oh Dios mío!’, alzando su vista al cielo y reconociendo la existencia de una fuerza superior, capaz de librarle de aquello que padece. Y Al·lâh es veraz cuando dice: “Cuando las personas sufren una desgracia, invocan a su Señor volviéndose a él arrepentidos. Luego, cuando les ha hecho gustar una misericordia procedente de Él, un grupo de ellos acaba asociando otros dioses a su Señor.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 33).

Igualmente ocurre cuando le avienen pruebas duras y desgracias y, entonces, se descubre la realidad, quedando clara la falsedad de aquellas divinidades que recibían adoración fuera de Al·lâh y obteniéndose la sinceridad en la invocación de la verdadera divinidad, aquella que en su mano tiene los reinos de todo cuando existe y es capaz de librar de un perjuicio. El Corán nos esboza esta situación cuando dice: “Cuando el ser humano sufre una desgracia Nos invoca, lo mismo si está recostado que si está sentado o de pie. Pero, en cuanto le libramos de su desgracia, continua su camino como si no Nos hubiese invocado por la desgracia que sufría.” (Sura 10 ‘Jonás’: 12)

          También, cuando el ser humano es sorprendido con aquello que no es de su agrado y no encuentra otra salida que dirigirse a esa fuerza oculta que siente – en su fuero interno – que está presente y que puede salvarle. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Él es quien os hace viajar por tierra o por mar. Cuando navegan con viento favorable, están contentos con él, y si se levanta un viento tempestuoso, azotan las olas por doquier y creen que no hay salida ninguna, invocan a Al·lâh de modo sincero en su religión y dicen: ‘¡Si nos salvas de ésta, seremos, ciertamente, de los agradecidos.” (Sura 10 ‘Jonás’: 22).

Los pueblos antiguos tomaban imágenes e ídolos como dioses fuera de Al·lâh. Ello era a causa de esa inclinación o esencia natural al hecho religioso que Al·lâh dispuso en todos los seres humanos. Entonces, cuando desaparecen las religiones reveladas y fidedignas que saciaban esa inclinación natural a la servidumbre, esa esencia humana comienza a buscar un dios para adorar y, así, quedar saciada. Así pues, se preparaban a sí mismos y trabajaban tomando divinidades creadas, semejantes a ellos. ¡Si hubiesen entendido correctamente esa saciedad! Al·lâh el Inmenso dice la verdad: “Ciertamente, aquellos a los que invocáis fuera de Al·lâh, no son sino siervos como lo sois vosotros. Invocadles, pues, y que os respondan, si realmente sois sinceros.” (Sura ‘Los Lugares Elevados’: 194).

Desgraciadamente, estas divinidades entre piedras, árboles, astros, animales y constelaciones, son rechazadas por el sano juicio y la inclinación correcta. Incluso, lo más sorprendente, es que aquellos que adoran a estas divinidades son personas de un alto nivel de conocimiento, gente de cultura y que se dedica a la enseñanza, incluso son divinidades tomadas por Estados que han alcanzado un conocimiento tremendo. Al·lâh el Inconmensurable es veraz al decir: “Sólo conocen lo externo de esta vida y viven despistados respecto a la otra.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 7).

          Dice Saied Qutb – que Al·lâh lo tenga en Su misericordia: “La gente no puede vivir sin la práctica de una religión; necesita de religiosidad. Y, aquellos que no sirven únicamente a Al·lâh, caen inmediatamente en las formas más infames de la servidumbre a otro fuera de Al·lâh.

          Las personas devienen, pues, presas de sus propios deseos y pasiones, sin limitaciones ni reglas. Y, entonces, es cuando pierden su naturaleza humana y descienden al mundo animal. Dice el Corán: “Aquellos que niegan la verdad disfrutan y comen, del mismo modo en que comen los rebaños. Y, el fuego, será el lugar de retribución para ellos.” (Sura 47 ‘Muhammad’: 12).

No hay nada peor para la persona como perder su condición humana y rebajarse al mundo animal. Eso es lo que ocurre, sin duda alguna, nada más deshacerse de la adoración dirigida a Al·lâh, únicamente a Él, y caer en la adoración del deseo y la pasión.

          Tras ello, devienen presas de diversos modos de adoración a los siervos, cayendo en los peores tipos de servidumbre, cuando adoran a gobernantes y presidentes que les ordenan actuar conforme a leyes procedentes de ellos mismos. Estas leyes no tienen parámetro o fin sino la protección de los intereses de los propios legisladores, queden representados en un solo gobernante, una élite o algún tipo concreto de dirigente. Una visión global desde una perspectiva humana descubre este fenómeno en toda ley humana que no toma como referencia únicamente a Al·lâh ni se aferra a la legislación de Al·lâh ni la tiene en cuenta.

          Esto nos lleva a la cima de la unicidad en la adoración y la religiosidad en la protección de la vida, la dignidad y el capital de las personas. Todo esto aviene – y no hay nada que pueda evitarlo –, cuando los siervos adoran a los siervos realizando una forma de religiosidad, ya sea cuando se busca la autorización del poder en la legislación, en las costumbres, en las tradiciones, las creencias y las conjeturas.

 

Pruebas racionales que demuestran la unicidad de Al·lâh

          Un barco se hunde cuando tiene dos capitanes. Una administración fracasa su dirección cuando tiene dos encargados. Un negocio se pierde cuando son dos quienes deben tomar decisiones. Todos ellos buscan como imponerse y hacerse con los asuntos más sustanciales. Por ello, ¿qué podemos pensar respecto a este enorme universo que, en el momento en que un solo átomo saliese de ese orden, caería y se desplomaría? Por lo tanto, si hubiesen más dioses junto a Al·lâh, habría una competición que abocaría a la corrupción. Al·lâh el Inconmensurable es veraz al decir: “Si en ambos [los cielos y la Tierra] hubiesen más dioses, se habrían corrompido. ¡Glorificado sea Al·lâh, Señor del Trono, por aquello que le atribuyen!” (Sura 21 ‘los profetas’: 22).

          Es propio de los socios y los iguales competir entre ellos por imponerse, pues cada uno de ellos desea mandar y decidir. Esto es algo que corrompe la obra y hace que dicha competición sea la causa del fracaso. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh no ha tomado hijo alguno ni tiene junto a sí a otro dios. Si fuese así, cada dios se habría atribuido su creación y unos habrían sido superiores a otros. ¡Glorificado sea Al·lâh por aquello que le atribuyen!” (Sura 23 ‘Los Creyentes’: 91).

          Lo mismo ocurre con los reyes de este mundo entre sí, con sus disputas y sus enfrentamientos, donde todos desean eliminar a los otros reyes y quedarse cada uno solo con el reino. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Si hubiera dioses además de Él, como dicen, buscarían un camino que les condujese hasta el Señor del Trono’.” (Sura 17 ‘El Viaje Nocturno’: 42).

          Dice Saied Qutb – que Al·lâh le tenga en Su misericordia: ‘Dice Al·lâh en el Corán: “Al·lâh no ha tomado hijo ni tiene junto así otro dios”. Luego, trae el argumento que niega su proclama y muestra lo necio y lo imposible que hay en las creencias del asociacionismo: “Si fuese así, cada dios se habría atribuido su creación”, mostrándose [Al·lâh] como el único que ha creado y que Él maneja con un código especial. Entonces, todo sector del universo o toda división de las criaturas ostenta un orden especial en el que no se encuentran con ese orden general que administra todo. Dice el Corán: “… y unos habrían sido superiores a otros”, por haberse impuesto sobre los otros y su manejo del universo que no puede perdurar ni organizarse sino con un solo orden, un solo manejo y una sola gestión. Todas estas formas planteadas no existen en el universo, cuya unidad en su formación testimonia la unicidad de su Creador, y cuya unidad en su orden testimonia la unicidad de quien lo gestiona. Toda sección o parte en él y absolutamente todo se muestra que está armonizado con todas las otras partes, sin choques ni conflictos ni convulsión. ¡Glorificado sea Al·lâh por aquello que le atribuyen!”.

 

 

 

 

 

               La servidumbre en el Islam

          El Islam es el Dîn (religión) de todos los profetas y mensajeros de Al·lâh, ya que su esencia es el sometimiento y la entrega a Al·lâh en la obediencia y en librarse del asociarle otros dioses. La servidumbre es el rango más noble y elevado. Por ello, conforme a como sea tu servidumbre a Al·lâh, será tu libertad; conforme a como sea tu sometimiento a Él, será tu dignidad; y conforme a como sea tu complacencia de Él, será tu tranquilidad, tu paz y tu descanso. Al·lâh ennobleció a todos sus profetas y mensajeros, desde Noé – la paz sea con él – hasta el último de ellos: Muhammad – la paz y las bendiciones sean con él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ha precedido nuestra palabra a nuestros siervos, los mensajeros: * ‘son ellos los que serán, ciertamente, auxiliados * y son nuestros soldados que, ciertamente, se impondrán’.” (Sura 37 ‘Las Filas’: 171 – 173).

La servidumbre a Al·lâh es la ley de todos los mensajeros, pues fueron enviados para realizarla. Dice Al·lâh – ensalzado sea – dirigiéndose a su mensajero Muhammad – la paz y las bendiciones sean con él: “Os ha prescrito en materia de religión  aquello que ya había ordenado a Noé, lo que Nosotros te hemos revelado y lo que ya habíamos ordenado a Abraham, a Moisés y a Jesús: ‘Rendid la religión  a Al·lâh y que no os dividáis’. Los asociadores ven algo tremendo aquello a lo que tú les llamas. Al·lâh elige para sí a quien Él quiere y dirige a Él a quien se arrepiente.” (Sura 42 ‘La Consulta’: 13).

          De las cosas que también prueban el inmenso rango que ostenta la servidumbre, lo encontramos en los trece años que pasó en Meca el Profeta – la paz y las bendiciones sean con él, tras haber sido enviado – invitado a la gente, únicamente, a realizar esa servidumbre a Al·lâh y sólo a Él, y la reforma de la creencia desviada que tenían, pues adoraban ídolos e imágenes. El Profeta estaba al tanto de sus reuniones y sus consejos, y les decía: “¡Gente! Decid: ‘no hay más dios que Al·lâh’ y triunfaréis”.

          Ello es debido a que la servidumbre a Al·lâh es el fundamento y la base de donde parte la legislación y las obligaciones y, sin ella, todas las obligaciones, las legislaciones, las obras piadosas y todas las oblaciones (qurubât) no son sino polvo que no ostentan ningún valor. Ello lo aclaró Al·lâh mismo – ensalzado sea – a su mensajero Muhammad – la paz y las bendiciones sean con él – cuando le dijo: “A ti y a quienes te precedieron os he revelado: ‘Si asocias algo [a Al·lâh], tus obras serán vanas y serás de los perdedores. * Sirve a Al·lâh, entonces, y sé de los agradecidos.” (Sura 39 ‘Los Grupos’: 65 – 66).

          Este es el método del Mensajero – la paz y las bendiciones sean con él – y el de sus Compañeros, cuando les enviaba para invitar al Islam y predicar la religión de Al·lâh. El Profeta les ordenó que lo primero que debían transmitir era la realización de la servidumbre a Al·lâh, sólo a Él. El Profeta le dijo a Mu‘âd Ibn Ÿabal – que Al·lâh esté complacido con él – cuando le envió al Yemen: “Irás a un pueblo de la Gente del Libro (ahlu alkitâb). Cuando llegues, invítales a que atestigüen que no hay más dios que Al·lâh y que Muhammad es el mensajero de Al·lâh. Cuando te obedezcan en ello, infórmales que Al·lâh les ha prescrito cinco oraciones (salawât) al día. Cuando te obedezcan, infórmales que Al·lâh les ha prescrito una limosna (sadaqah), que se toma de sus ricos y se les da a sus pobres. Cuando te obedezcan en ello, ten cuidado con los bienes más preciados y guárdate de la súplica de quien ha sufrido una injusticia, pues entre él y Al·lâh no existe ningún velo.” (Transmitido por Albujârî).

          Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – quiere de nosotros a partir de nuestra servidumbre a Él, y sólo a Él, el liberarnos de todas las manifestaciones de adoración que no sea a Él. Es, entonces, cuando aquello que Al·lâh ha ordenado y nos ha legislado respecto a este mundo y el otro viene de forma sencilla y natural, y no conforme a lo que se han legislado el ser humano unos a otros. Con esta liberación es cuando el individuo reforma su propio ser. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Seres humanos! Creed, guardaos de Al·lâh y estad con los veraces.” (Sura 9 ‘La Penitencia’: 119).

          Igualmente, ello ocurre cuando el individuo reforma las relaciones entre él y el resto de la sociedad. Dice el Profeta – la paz y las bendiciones sean con él: “¿Queréis que os informe de quiénes son los creyentes? Son aquellos que hacen sentir a la gente seguridad respecto a sus haciendas y sus personas. El musulmán es aquel de quien la gente se encuentra seguro de sus palabras y sus acciones. El luchador (muÿâhid) es aquel que lucha contra su ego en la obediencia a Al·lâh; y el emigrado (muhâÿir) es aquel que abandona sus errores y sus faltas”.

La servidumbre a Al·lâh implica realizar las órdenes imperativas y restrictivas que ponen coto a la terquedad de las pasiones del ser humano, destructivas para este mundo y lo que en él hay, ya sea a nivel individual, cuando Al·lâh – ensalzado sea – dice: “¡Creyentes! No os burléis unos de otros, ya que podría ser que los burlados fuesen mejores de los que se burlan; ni las mujeres unas de otras, ya que podría ser que las burladas fuesen mejores de las que se burlan. No os critiquéis ni os llaméis con motes ofensivos. Mala cosa es ser llamado perverso después de haber creído. Quienes no se arrepienten, esos son los injustos. * ¡Creyentes! Evitad conjeturar demasiado, pues algunas conjeturas son pecado. No os espiéis ni calumniéis. ¿Acaso os gustaría comer la carne de vuestro hermano muerto? Lo aborreceríais. Guardaos de Al·lâh. Al·lâh es Indulgente, Clemente.” (Sura 49 ‘Los Aposentos Privados’: 11 – 12).

          Y a nivel social, dice Al·lâh – ensalzado sea: “Servid a Al·lâh y no le asociéis nada. Tratad de la mejor manera a vuestros padres, parientes cercanos, huérfanos, pobres, vecinos – parientes y no parientes –, el compañero de viaje, el viajero, y a los esclavos. Al·lâh no ama al presumido, al jactancioso.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 36).

          Y a nivel medioambiental, dice Al·lâh – ensalzado sea: “No corrompáis la Tierra después de haber sido reformada e invocad [a Al·lâh] con temor y anhelo. La misericordia de Al·lâh está próxima de quienes obran de la mejor manera.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 56).

          Y a nivel político, dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes no han combatido contra vosotros por causa de la religión  ni os han expulsado de vuestros hogares.” (Sura 60 ‘La Examinada’: 8).

          Y a nivel económico, dice Al·lâh – ensalzado sea: “No os devoréis la hacienda injustamente unos a otros ni sobornéis con ella a los jueces para devorar, injusta y deliberadamente, una parte de la hacienda ajena.” (Sura 2 ‘la vaca’: 188).

          Cuando observamos con nuestra razón y no con nuestros sentimientos, quedamos convencidos de que la servidumbre a Al·lâh endereza la vida del ser humano, pues invita a la protección de este mundo. Algo que ocurre a través de la salvaguarda de aquello que garantiza su permanencia y continuidad. Por ello, esa servidumbre no admite aquello que pueda causar la destrucción del individuo, de su sociedad o de la Tierra y sus cánones. Es más, esa servidumbre invita a predicar los mejores modales, tal y como informó el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él: “Ciertamente, fui enviado para completar los mejores modales”.

          Esa servidumbre invita a extender el amor, la misericordia, la paz, la justicia, la limpieza, devolver los depósitos confiados, cumplir la palabra contraída, tratar del mejor modo a los vecinos, los huérfanos, los pobres, los viajeros, los necesitados, la empatía, el cariño, el buen trato a los padres, guardar los lazos familiares, tratar del mejor modo a los vecinos, facilitar las cosas, querer el bien para los demás, etc. No sólo esto, sino incluso el buen trato a los animales, pues, con ello, también se adora a Al·lâh, tal y como informó el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él: “[En el buen trato] con cualquier forma de vida, hay una recompensa.”

          Igualmente, invita a alejarse de las inmoralidades y prohibir todo aquello que incite a la propagación del crimen en la sociedad, como la injusticia, el robo, la mentira, el engaño, la especulación, la usura, el mal trato a los padres, el asesinato, devorar la hacienda del huérfano, el adulterio, la homosexualidad, dar falso testimonio, romper las alianzas y los pactos, deshacer los lazos familiares, el soborno, el derroche, el malgasto, no respetar las normas, el orgullo, criticar a espaldas de alguien, difundir rumores, la injuria, etc., ya sea a través de palabras, obras o malos modales que, cuando se extienden por la sociedad, corrompen el sistema social y su cohesión, desbaratando su seguridad y desmontando su unión. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Venid y os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: que le asociéis algo. Sed buenos con vuestros padres, no matéis a vuestros hijos por miedo a empobreceros – pues os proveemos a vosotros y a ellos –, alejaos de las deshonestidades públicas o secretas, no matéis a nadie que Al·lâh haya prohibido, sino con justo motivo. Esto es lo que os ha ordenado Él. Quizás, así, razonéis’. * ‘No toquéis la hacienda del huérfano sino de manera conveniente, hasta que alcance la madurez; dad con equidad en la medida y el peso justos. No pedimos a nadie sino según sus capacidades. Sed justos cuando declaréis, aun si se trata de un pariente cercano. Sed fieles al pacto con Al·lâh. Esto os ha ordenado Él. Quizás, así, os dejéis amonestar.” (Sura 6 ‘Los Rebaños’: 151 – 152).

Éste es el mensaje que el Profeta – la paz y las bendiciones sean con él –practicó incluso con quienes le maltrataron, le expulsaron de su casa y quienes confabularon para asesinarle. Cuando el Profeta entró en Meca y se apoderó de ellos, fue transigente con ellos, les perdonó y les trató dócilmente. Les dijo: “¡Gente de Quraiŝ! ¿Qué pensáis que haré con vosotros?”. Ellos dijeron: ‘Nos tratarás bien, pues eres generoso e hijo de un generoso’. Él les dijo: “Iros, pues sois libres”.

Éste fue su método y el que explicó a sus Compañeros cuando le pidieron que invocara contra los idólatras,   aquellos que les habían maltratado y les expulsaron de sus hogares sin ningún miramiento. El Profeta les dijo: “No he sido enviado para maldecir, sino como una misericordia”.

La servidumbre en el Islam, pues, no queda restringida únicamente a los actos de culto, como la oración, el azaque, el ayuno y cosas similares, sino que se trata de someterse, entregarse y responder a la llamada de Al·lâh para llevar a cabo sus órdenes tanto imperativas como restrictivas, y realizar todos los tipos de adoración únicamente a Él, pues Él es quien ostenta la perfección absoluta y está libre de cualquier tipo de carencia. Algo que, en sí mismo, supone un imperativo para que la adoración se le dedique con sinceridad, únicamente a Él. Dice Al·lâh – glorificado sea – sobre sí mismo: “No hay nada que se le asemeje, y Él es quien todo lo oye, quien todo lo ve.” (Sura 42 ‘La Consulta’: 11).

          Es por ello por lo que existen acciones que se contradicen con la esencia de la servidumbre a Al·lâh y que hace que el siervo deje de ostentar ese calificativo de siervo de Al·lâh al adorar algo fuera de Él. Hecho que niega el Islam de una persona aunque él mismo proclame que es musulmán. Como el hecho de que alguien practique la magia, la adivinación, buscar bendiciones en las tumbas de los piadosos, de los árboles, de las piedras, o realizar reverencias (rukû‘), postraciones o circunvalaciones de estas cosas, o presentar oblaciones (qurubât), realizar promesas, traer regalos a estos lugares de visita y a las tumbas; o magnificar estas cosas pensando que las personas piadosas de estos lugares pueden beneficiar, perjudicar o tener algún tipo de control sobre el mundo. Y no saben, que si tuviesen algún tipo de beneficio, lo primero que haría esta gente sería beneficiarse a sí misma; y de aquellas obras y actos que desgarran esta servidumbre y ensucia sus cualidades situando al musulmán en peligro respecto a su religión , como quien se pone una pulsera, un cordón o algo similar con el fin de evitar y alejar una mala situación; o como colgarse talismanes contra el mal de ojo. Por ello, el Mensajero del Islam advirtió con firmeza cuando dijo: “Algunos de quienes os precedieron, tomaron como mezquitas las tumbas de sus profetas y piadosos. ¡No toméis como mezquitas las tumbas! ¡Os lo prohíbo!”.

          El Profeta – la paz y las bendiciones sean con él – solía ordenar a sus Compañeros que le tratasen tal y como Al·lâh le había calificado, sin magnificación ni santificación, por miedo suyo a que su comunidad cayese en aquello en que cayeron las comunidades que le precedieron: “No me exaltéis tal y como hacen los cristianos con [Jesús] el hijo de María. Yo soy un siervo. Por ello decid: ‘Él es el siervo y el mensajero de Al·lâh”.

Dice el ulema ‘Abdul·lâh Bâbatîn – que Al·lâh le colme de misericordia: “Toda la religión está incluida en la adoración. Por ello, cuando una persona conoce y reconoce el sentido de la divinidad y que es digno de ser adorado, y ha conocido la esencia de la adoración, le queda claro que quien realiza algún tipo de adoración a alguien fuera de Al·lâh, entonces, le ha servido y lo ha tomado como divinidad, aunque evite nombrarlo como adorado o divinidad, pues cambiarle el nombre no supone cambiar la esencia de lo nombrado y su valor no se disipa. Y cuando ‘Adî Ibn Hâtim – siendo cristiano – escuchó la palabra de Al·lâh – ensalzado sea: “Han tomado a sus doctores y a sus monjes como señores, en lugar de tomar a Al·lâh” (sura 9 ‘La Penitencia’ 31), le dijo al Profeta – la paz y las bendiciones sean con él –: ‘Nosotros no les adoramos’. El Profeta le dijo: “¿Acaso no declaran ilícito aquello que Al·lâh ha declarado lícito y, así, os deviene ilícito; o declaran lícito aquello que Al·lâh ha declarado ilícito y, así, os deviene lícito?”. Él respondió: ‘Sí’. El Profeta le dijo: “Es así, pues, como les adoran”.

Además, si hubiese alguien que, realmente, tuviese en su mano el atraer el beneficio y alejar todo daño o perjuicio, el Mensajero de Al·lâh y sus profetas serían los más merecedores de ello y los primeros, sin embargo, todo ello pertenece a Al·lâh. El mismo Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – se desentendió de que él ostentase cualquier tipo de poder o potencia como para atraer algún beneficio o evitar algún perjuicio para sí mismo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Yo no dispongo de nada que pueda beneficiarme o perjudicarme, sino tanto cuanto Al·lâh quiera. Si yo conociese lo oculto, acrecentaría en bienes y no me alcanzaría el mal. Yo no soy más que un advertidor, un portador de albricias para gente que cree’.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 188).

Igualmente se desentendió de cualquier tipo de poder o potencia capaz de traer algún beneficio o alejar algún perjuicio a otra persona. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Sólo invoco a mi Señor y no le asocio nadie’. * Di: ‘No puedo dañaros ni dirigiros’. * Di: ‘Nadie me protegerá de Al·lâh y no encontraré protección fuera de Él’.” (Sura 72 ‘Los Genios’: 20 – 22).

Qué buenas palabras de Saied Qutb – que Al·lâh le colme de misericordia – cuando dijo: “Cuando la práctica de la religión se realiza a alguien fuera de Al·lâh, tanto en la creencia como en las ideas, ello significa que se ha caído en figuraciones y ficciones interminables que representan las diferentes ignorancias idólatras y las diversas conjeturas de la gente de a pie en varias de sus formas. En ellas se antepone las promesas y los sacrificios económicos, ¡incluso a veces con los propios hijos!, bajo erróneas creencias y conceptos desviados, ¡bajo el pavor de diversos y falsos señores, y de los magos y adivinos conectados con estos ‘dioses’, de los magos conectados con los genios y los demonios , y con los ulemas y los curas que ostentan secretos! ¡Y tantas otras figuraciones en las que mucha gente vive con pavor y miedo, ofreciendo oblaciones y teniendo esperanza en ellos, rompiéndose su crisma, entregando todas sus fuerzas y desperdiciando sus energías en semejante demencia!”.

La servidumbre a Al·lâh reprime la terquedad de los deseos animales devolviéndoles a la dirección natural que Al·lâh quiso. Entonces, la Tierra es construida y este mundo es preservado, incluso aquellas cosas con menos valor.

          El Islam, desde sus inicios, vino para liberar la servidumbre material materializada en la esclavitud, haciendo de ello lo primero a lo que instó, espoleó e hizo de ello una expiación para pagar muchas faltas cometidas. Además, exigió ayudar y asistir a cualquier esclavo que quisiese comprar su propia libertad para liberarse de la esclavitud. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Extended la escritura a aquellos de vuestros esclavos que lo deseen – si reconocéis en ellos bien – y dadles de la haciende que Al·lâh os ha concedido.” (Sura 24 ‘La Luz’: 33).

Por desgracia, han comenzado a aparecer fenómenos como estos, como el resquebrajamiento de la capa de ozono, el efecto invernadero del calentamiento climático, y otros asuntos similares que han sido debidos a la codicia material del ser humano y su alejamiento de la servidumbre a Al·lâh. Las depravaciones han sido practicadas en nombre de la libertad; los derechos se han perdido en nombre de la civilización; se ha devorado el dinero de la gente en balde en nombre del comercio libre; las personas han devenido esclavas en nombre de leyes personales; ha aparecido, de nuevo, la odiosa sociedad estamental y el racismo; y se ha extendido el asociar dioses a Al·lâh y la adoración de los ídolos.

Dice Saied Qutb – que Al·lâh le colme de misericordia: “La práctica de la religión de Al·lâh libera al ser humano de cualquier práctica de religiosidad a alguien que no sea Él, y las personas dejan la servidumbre de los siervos para servir únicamente a Al·lâh. Es así como la humanidad obtiene su dignidad y su auténtica libertad. Ésta y la otra libertad son las que son imposibles de garantizar bajo cualquier sistema que no sea el islámico, donde las personas se tratan unas a otras en base al concepto de la servidumbre, en una de sus muchas y diversas formas, ya se trate de la servidumbre en la creencia, en los actos de culto, o en las leyes. Todas estas manifestaciones son, en sí mismas, servidumbre, y algunas semejantes a otras, donde se obedece a otros fuera de Al·lâh en el momento en que se someten en la práctica, a otros que no son Al·lâh, en cualquier asunto de los asuntos de esta vida”.

Cuando la servidumbre es para alguien que no es Al·lâh en un mundo civilizado – tal y como se denomina a sí mismo – los códigos legales y los sistemas creados por las personas no protegen a los olvidados, deviniendo la sociedad en una vida salvaje donde el fuerte se aprovecha del débil, donde el rico humilla al pobre, donde se aprovecha cualquier tipo de ocasión y se buscan los errores para obtener cualquier provisión material, incluso en detrimento de la felicidad o de otro ser humano. La servidumbre a Al·lâh no permite que se pierdan los derechos, sino que protege a los olvidados, las personas humildes y sencillas, los débiles y los incapacitados. No deja que se pierdan sus derechos. Es más, ellos son quienes más derecho y prioridad tienen para que su dignidad sea protegida, su hacienda sea preservada y se les otorgue sus derechos. Por ello, los clementes recibirán clemencia por parte del Clemente. Y, como dijo el Profeta: “Sed clementes con quien está en la Tierra, y aquel que está en el cielo será clemente con vosotros”. Así es como fue enseñada al musulmán la servidumbre a Al·lâh.

Igualmente, el Islam vino para liberar los corazones de las personas de toda servidumbre que se ejerza a otro fuera de Al·lâh o que dependa de otro. Por ello, les protegió de las leyendas y les preservó del embuste de los hechiceros y los brujos. Ello es debido a cómo apuntala el Islam en el corazón de las personas la entrega y el reconocimiento de que el beneficio y el perjuicio está en la mano de Al·lâh; lo que Él desea es, y lo que no desea no es. Los seres humanos están bajo su orden y su voluntad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No sucede ninguna desgracia si Al·lâh no lo permite. Él dirige el corazón de quien cree en Al·lâh.

Al·lâh es Omnisciente.” (Sura 64 ‘El Engaño’: 11).

Los musulmanes se encuentran en diferentes niveles respecto a la realización de la servidumbre a Al·lâh, pues son seres humanos y, como el resto de personas, les acontecen hechos, como que algunas de sus pasiones o los deseos del ego le superen. Las personas no son ángeles ni tampoco son infalibles ante el error. Dijo Ibn Al Qayyim: “Una de las características divinas, es que la servidumbre ha sido establecida sobre dos patas y, sin ellas, no puede tenerse en pie: el amor completo junto al sometimiento completo. Ésta es la servidumbre perfecta. Y los diferentes niveles de las personas en su servidumbre son conformes a sus niveles en estos dos fundamentos. Por lo tanto, aquel que ha entregado su amor, su sometimiento y su obediencia a otro fuera de Al·lâh, es como si hubiese asemejado a Al·lâh en la sinceridad que a Él se le debe. Algo que es imposible, ya que ninguna legislación ha establecido algo semejante.”

 

La relación directa entre el siervo y su Señor

La servidumbre a Al·lâh representa una elevación del alma humana y su liberación de toda servidumbre fuera de Al·lâh. Con ella se completa el contacto directo entre el ser humano y su Creador – glorificado y ensalzado sea. No existen intermediarios entre Él y las personas. Es más, la puerta está abierta en cualquier, momento, lugar y estado. No existe ningún guardián en dicha puerta ni ningún obstáculo que permita o deniegue la entrada a quienes lo deseen. ¡Ven a esta puerta y, en ella, pide lo que necesites, realiza tus quejas, pide ayuda para realizar tus cosas, pide lo que desees y aquello que embarga tu corazón; pues las dádivas de Al·lâh son infinitas! Tal y como dice Al·lâh – ensalzado sea: “Cuando mis siervos te pregunten por Mí, [diles] que estoy cerca. Respondo a la llamada de quien me invoca cuando lo hace. ¡Que respondan y crean en mí! Así, tal vez, sean bien dirigidos.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 186).

          Por ello, por muchos que sean tus pecados y por mucho que hayas excedido en el error y las faltas, no necesitas a nadie que intermedie entre tú y Al·lâh para pedir el perdón, pues la comunicación entre ti y el cielo está abierta; lo único que necesitas es veracidad y sinceridad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Quien obra mal o es injusto consigo mismo, si luego pide perdón a Al·lâh, encontrará a Al·lâh indulgente y misericordioso.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 110).

Por mucho que aumenten las necesidades y por muy inmensas que sean tus peticiones, Al·lâh se alegra por dirigirle tu plegaria y por pedirle tus necesidades de manera humilde. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Suplicad a vuestro Señor, humilde y secretamente! Él, ciertamente, no ama a los transgresores.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 55).

Sus tesoros no se agotan y su dación nunca se interrumpe; nadie puede repeler su favor ni nadie puede impedir sus dones. Dice Al·lâh – ensalzado sea – en un Hadiz sacro (qudsî): “Aunque el primero de vosotros y el último de vosotros, genios y seres humanos, se reuniesen en un único lugar y todos ellos me pidiesen, otorgando yo a cada uno de ellos aquello que me pidió, ello no menguaría nada de lo que yo tengo, del mismo modo en que lo hace una aguja cuando es introducida en el mar”.

El ser digno para ser adorado no precisa de la existencia de intermediario alguno entre Él y sus siervos, pues Él está mejor informado de sus estados, escucha lo que hablan, conoce sus secretos y sus confidencias; no le confunden la cantidad de las demandas ni las necesidades de sus criaturas, a pesar de la diversidad de sus lenguas y la variedad de sus peticiones, pues no precisa de nadie que le transmita a Él las necesidades de Sus criaturas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Vuestro Señor dice: ‘Suplicadme y yo os responderé. Aquellos que debido a su altivez se niegan a servirme, entrarán en la gehena, humillados.” (Sura 40 ‘Perdonador’: 60).

Esto es lo que Al·lâh – bendito y ensalzado sea – aclaró a sus siervos para que, así, tuviesen cuidado de los ‘salteadores de caminos’, aquellos que quieren posicionarse entre Al·lâh y sus criaturas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso no se le debe rendir el culto sincero a Al·lâh? Quienes han tomado amigos en lugar de tomarle a Él (dicen): ‘Únicamente les servimos para que nos acerquen bien a Al·lâh’. Al·lâh juzgará entre ellos sobre aquello en que discrepaban. Al·lâh no guía al embustero y a quien niega continuamente la verdad.” (Sura 39 ‘Los Grupos’: 3).

 

Los resultados de practicar la servidumbre a otro fuera de Al·lâh

Ciertamente, las diferentes formas de injusticia social, desestructuración familiar, la extensión de la depravación y el entregarse a las drogas, que viven las diferentes sociedades mundiales, ya sea en el mundo rural o en las grandes metrópolis, así como la corrupción administrativa, la crisis económica y política, y las guerras y la destrucción de la que somos testigos en el mundo de hoy, encuentran su principal causa en el alejamiento por parte del ser humano de la práctica de la verdadera servidumbre a Al·lâh, aquella servidumbre que ordena todo bien y prohíbe toda indecencia y mal. Al·lâh, el Inconmensurable, dice la verdad: “Si la verdad hubiese seguido sus pasiones, los cielos y la Tierra y lo que en ellos hay se habría corrompido. Nosotros, en cambio, les hemos traído un Recuerdo; sin embargo, ellos se desentienden de él.” (Sura 23 ‘Los Creyentes’: 71).

Además, debe saberse, que la aplicación de la servidumbre a Al·lâh es un asunto relativo, pues siempre que los individuos de una sociedad se aparten de la servidumbre a Al·lâh caen en la depravación y el extravío; y siempre que llevan a cabo la servidumbre a Al·lâh, se elevarán, y sus estados y el de sus sociedades serán reformados. Al·lâh, el Inconmensurable, ha dicho la verdad: “Aquel que siga mi dirección, no se extraviará y no será desdichado. Pero quien se aleje de mi recuerdo, llevará una vida de congoja y el día del Levantamiento le resucitaré ciego.” (Sura 20 ‘Tâhâ’: 123).

Dice Saied Qutb – que Al·lâh le colme de misericordia: “Al·lâh nos habla de quienes se alejaron de la adoración a Al·lâh, únicamente a él, y se les concedió a un grupo de ellos para que les juzgasen sin la legislación islámica. Al final, cayeron en la desdicha de servir a otro fuera de Al·lâh, la servidumbre que devora su humanidad, su dignidad y su libertad, por muy diversos que sean los sistemas que les gobiernan, y la que en parte, pensaron que podría salvaguardarles su humanidad, su libertad y su dignidad. Europa ha huido de Al·lâh cuando huyó de una Iglesia tirana y transgresora que lo hacía en nombre de la falsa religión y se reveló contra Al·lâh – glorificado sea – mediante su revolución contra aquella Iglesia que, vilmente, y en la cumbre de su opresión y despotismo, menospreció todos los valores humanos. Tras ello, la gente pensó que encontraría su humanidad, su libertad, su dignidad y sus intereses en la sombra de esas órdenes individuales (la democracia) y depositó todas sus esperanzas en las libertades y las garantías que les salvaguardan las constituciones, la representación parlamentaria, la libertad de prensa, las garantías judiciales y legislativas, la opinión de la mayoría,… y otras auras que rodean dichos sistemas. Pero ¿cuál ha sido su destino? Su destino ha sido la tiranía del capitalismo; una tiranía que ha trastocado todas esas garantías y todas esas estructuras, y ha hecho de ellas meros anuncios o meras conjeturas. La gran mayoría ha caído en la miserable servidumbre de una minoría tirana que controla el capital y, consecuentemente, la mayoría parlamentaria, las constituciones, la libertad de prensa y el resto de garantías que, según pensaba la gente, sería suficiente para preservar su humanidad, su dignidad y su libertad, estando alejados de Al·lâh – glorificado sea.

Luego, otro grupo de personas huyeron de los sistemas individualistas, donde se imponía el capitalismo y el clasismo, a sistemas comunitarios. ¿Qué hicieron pues? Cambiaron la adoración a los ‘capitalistas’ a la adoración de los ‘peces gordos’, es decir, a los millonarios, los empresarios y a los estados y los gobernantes que poseen las riquezas. ¡Una clase peor aún que la de los capitalistas! En todo estado, en toda situación, en todo sistema, la gente adora a las personas, pagando de su hacienda y de sus personas el abrumador impuesto a diversos señores en todo momento”. 

 

La entrada a la verdadera servidumbre

          La entrada natural a la verdadera servidumbre comienza con no asociar nada ni nadie a Al·lâh, ni en su esencia ni en sus epítetos ni en sus cualidades ni en sus órdenes y negaciones, para que, así, toda tu vida esté acorde a aquello que es de la voluntad de Al·lâh, ya que la servidumbre está basada en el amor, el sometimiento y la obediencia. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: por Al·lâh, Señor del universo, realizo mi zalá, mis ritos, vivo y muero.” (Sura 6 ‘Los Rebaños’: 162).

Si alguna de ellas se perdiese no existiría una auténtica servidumbre a Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Hay personas que, fuera de Al·lâh, toman a otros que equiparan a Él y les aman como se ama a Al·lâh. Pero los creyentes aman a Al·lâh con más fervor. Si vieran los injustos, cuando vean el castigo, que toda la potencia es de Al·lâh y que, Al·lâh, es severo al castigar.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 165).

          Así es como Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – creó a todas sus criaturas, pues proclaman Su santidad y se dejan conducir por su inclinación natural (fitrah), tal y como informó Al·lâh – glorificado sea – cuando dijo: “Los siete cielos y la Tierra y lo que en ellos hay proclaman sus alabanzas; no hay nada que no lo haga. Sin embargo, no comprendéis su glorificación. Él, ciertamente, es benigno, perdonador.” (Sura ‘El Viaje Nocturno: 44).

          Y se somete y se muestra humilde a ello, eligiendo de buen grado o sometida a la fuerza. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ante Al·lâh se postra todo cuando hay en los cielos y en la Tierra, de buen grado o a la fuerza, tal y como lo hacen sus sombras de mañana y tarde.” (Sura 13 ‘El trueno’: 15).

Por otro lado, el resto de criaturas – animales y aves – responden a su inclinación natural y, por tanto, no se encuentran esas manifestaciones de asociar algo a Al·lâh y la servidumbre a otro fuera de Él. Al·lâh concedió a Salomón, hijo de David – la paz sea con ambos – un reino que jamás dio a nadie. Al·lâh puso bajo su servicio el viento y los genios. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Y pusimos al servicio de] Salomón el viento, que por la mañana hacía el camino de un mes y por la tarde el de otro mes. Hicimos manar para él la fuente de bronce fundido. De los genios, algunos trabajaban a su servicio, con permiso de su Señor. Al que hubiera desobedecido nuestras órdenes le habríamos hecho gustar el castigo del fuego de la gehena. * Le hacían todo lo que él quería: palacios, estatuas, calderos grandes como cisternas, firmes vasijas. ‘¡Familia de David! ¡Sed agradecidos! Pero pocos de mis siervos son agradecidos’.” (Sura 34 ‘Saba’: 12 – 13).

Al·lâh le concedió, igualmente, conocer el lenguaje de las bestias y de las aves. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Salomón heredó a David y dijo: ‘¡Gente! Se nos ha enseñado el lenguaje de los pájaros y se nos ha dado de todo. Éste es, ciertamente, el auténtico y manifiesto favor.” (Sura 27 ‘Las Hormigas’: 16).

          Salomón – la paz sea con él – cuidaba de revisar a sus soldados y súbditos, que recorrían los extremos del mundo trayéndole noticias. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Las tropas de Salomón, compuestas de genios, de seres humanos y de aves, fueron agrupadas y formadas ante él.” (Sura 27 ‘Las Hormigas’: 17).

Un día Salomón pasó revista de sus tropas pero no encontró a la abubilla. Entonces, reprochó su ausencia y su retraso, prometiendo que la castigaría por ello si no traía una excusa. Entonces, al momento, vino la abubilla con una gran noticia que reprochó y no fue de su complacencia, ya que encontró que la reina de Saba y su pueblo asociaban a Al·lâh, algo que no complació a Salomón y que no consentía – la paz sea con él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Salomón] pasó revista a los pájaros y dijo: ‘¿Qué pasa que no veo a la abubilla? ¿Se encuentra ausente? * He de castigarla severamente o sacrificarla, a menos que me presente, sin falta, una excusa evidente’. * No tardó en regresar y dijo: ‘Sé algo que tú no sabes y te traigo noticias ciertas de la gente de Saba. * He encontrado que les reina una mujer a quien se ha dado de todo y posee un trono grandioso. * He encontrado que ella y su pueblo se postran ante el sol, no ante Al·lâh. El demonio les ha engalanado sus obras y, habiéndoles apartado de la senda, no siguen el buen camino, * de tal forma que no se prosternan ante Al·lâh, que saca a lo manifiesto lo que está en los cielos y en la Tierra, y sabe lo que ocultáis y lo que manifestáis’. * Al·lâh, no hay divinidad salvo Él, el Señor del Trono inmenso.” (Sura 27 ‘Las Hormigas’: 20 – 26).

 

La universalidad de la unicidad divina

La servidumbre a Al·lâh y la sinceridad en su práctica fue el llamamiento de todos los mensajeros y los profetas que fueron enviados por Al·lâh – bendito y ensalzado sea – empezando con Adam – la paz sea con él – y finalizando con el sello de los profetas y los mensajeros, Muhammad, la paz y las bendiciones sean con todos ellos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Antes de ti no enviamos a ningún mensajero que no le reveláramos: ‘¡No hay más dios que yo! ¡Servidme pues!’.” (Sura 21 ‘Los Profetas’: 25).

Dice Saied Qutb – que Al·lâh le colme de misericordia: “Ciertamente, la unicidad de la divinidad, de la señoría, del mantenimiento, de la gobernanza, de la referencia de la legislación islámica (ŝarî‘ah), del método de vida, de la dirección con la que la gente practica su religiosidad global… es la unicidad por la cual merecieron ser enviados todos los mensajeros, emplear todos los esfuerzos por su causa y soportar, para su realización, todas las fatigas y dolores en todo momento. Ello, no porque Al·lâh – glorificado sea – precisase de ello, pues Al·lâh – glorificado sea – no necesita de ninguna de sus criaturas, sino porque la vida humana no es posible ni se dignifica ni es conveniente para el ser humano sin esta unicidad que ostenta una influencia sin límites en la vida del ser humano en todas sus facetas por igual”.

          Primero, hemos de fijarnos en la huella que deja la esencia de la unicidad en este modo global en la naturaleza del propio ser humano desde la perspectiva de su existencia, su necesidad natural y su configuración humana. Esa huella en su imaginario, y la huella de su imaginario en su esencia humana: si este imaginario aprehende las cosas de este modo global con todos los sentidos de la globalidad, entonces se dirigirá a la esencia humana con todas sus dimensiones, con todos sus anhelos, con todas sus necesidades y con todas sus direcciones, haciendo que se dirijan a una única dirección con la que uno trata y a la que pide todo, y a la que te diriges con todo. Una única dirección en la que uno deposita su esperanza y hacia la cual uno siente temor; de cuya ira se guarda uno y cuya complacencia busca y anhela. Una única dirección que ostenta todo, pues crea todo, posee todo y administra todo.

          Igualmente, la esencia humana vuelve a una fuente única de donde toma su imaginario, sus conceptos, sus valores, sus parámetros, y donde encuentra respuesta para toda pregunta que se agita en ella afrontando el mundo la vida y el ser humano con todas aquellas interrogaciones que le perturban.

Y cuando este existencialismo se reúne, lo hacen también los sentimientos, actitudes e imaginarios respondiendo a los asuntos que tienen relación con la creencia y el método; con los asuntos de la petición y la recepción; con los asuntos relacionados de la vida y con la muerte; el esfuerzo y el movimiento; y con los asuntos de la salud y el sustento; y con los asuntos de este mundo y el otro. Por ello, no se separa desgarrando, ni se dirige a cominos y horizontes de diversa índole, ni toma diversos caminos sin haber habido acuerdo”.

Y con aquello que Al·lâh distinguió a los profetas, eligiéndoles para portar el mensaje, la dignidad que ostentan a ojos de Al·lâh y el amor que Él tiene por ellos, con la única excepción de que eran seres humanos que no fueron adorados ni se les dedicó ningún tipo de servidumbre especial. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No está bien que un mortal a quien Al·lâh da   la Escritura, el juicio y la profecía, diga a la gente: ‘¡Sed siervos míos y no de Al·lâh!’. Antes bien: ‘¡Sed maestros, puesto que enseñáis la Escritura y la estudiáis!’. * Al·lâh no os ordena que toméis como señores a los ángeles y a los profetas. ¿Es que iba a ordenaros la incredulidad después de haberos vosotros sometido a Él?” (Sura 3 ‘la familia de ‘La Familia de Imrân’: 79 – 80).

          Noé fue el primero de los Mensajeros y fue enviado tras Adam – la paz sea con ambos. Noé permaneció entre su gente novecientos cincuenta años. Durante ese tiempo, utilizó todos los medios para la predicación – el anhelo y el temor, en privado y en público – para devolver a su gente a la unicidad y la servidumbre a Al·lâh, únicamente a Él, tras haberse extendido y diseminado entre ellos el asociar otros dioses a Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Enviamos Noé a su pueblo. Dijo: ‘¡Pueblo mío! ¡Servid a Al·lâh! No tenéis ningún otro dios que a Él. Temo por vosotros el castigo de un día tremendo’.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 59).

          Después, siempre que los seres humanos se desviaban de la servidumbre a Al·lâh, éste les enviaba Mensajeros y Profetas para que les renovasen su Dîn, devolverles al camino de la unicidad y salvarles del infierno. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Enviamos a cada comunidad un enviado, [que les decía]: ‘¡Servid a Al·lâh y alejaos de la idolatría! Al·lâh dirigió a algunos de ellos, mientras que otros merecieron el extravío. ¡Id por la Tierra y fijaos cómo terminaron los desmentidores!” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 36).

          Abraham – la paz sea con él – es el patriarca de los Profetas. Cuando observó aquello que su pueblo practicaba respecto a asociar otros dioses a Al·lâh, discutiendo con ellos acerca de las divinidades que adoraban fuera de Al·lâh y exponiéndoles ejemplos racionales para convencerles sobre la falsedad de aquello que hacían. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y cuando Abraham dijo a su padre ‘Âzar: ‘¿Tomas a los ídolos como dioses? Sí, veo que tú y tu pueblo estáis evidentemente extraviados’. * Y así mostramos a Abraham el reino de los cielos y de la Tierra, para que fuera de los convencidos. * Cuando cerró la noche sobre él, vio una estrella y dijo: ‘¡Éste es mi Señor!’. Pero cuando se puso, dijo: ‘No amo a los que menguan’. * Cuando vio la luna que salía, dijo: ‘¡Éste es mi Señor!’. Pero cuando se puso, dijo: ‘Si no me dirige mi Señor, voy a ser, ciertamente, de los extraviados’. * Cuando vio el sol que salía, dijo: ‘¡Éste es mi Señor! ¡Éste es mayor!’. Pero cuando se puso, dijo: ‘¡Pueblo mío! Soy inocente de lo que asociáis. * Me consagro, como monoteísta , a quien ha creado los cielos y la Tierra. Y no soy asociador’.” (Sura 6 ‘los rebaños’: 74 – 79).

Jacob – la paz sea con él – es el patriarca de todos los Hijos de Israel. Siempre estuvo decidido a la conservación de la creencia de la unicidad y la garantía de su continuidad tras su muerte. Por ello, parte del legado que dejó a sus hijos al morir, en la agonía de la muerte y la salida del espíritu del cuerpo, en ese momento tan crítico donde es muy complicado darse cuenta de lo que le ocurre entorno a uno mismo, su mayor interés era la permanencia de la creencia de la unicidad divina y la continuidad de la servidumbre a Al·lâh, sólo a Él. Nos cuenta Al·lâh – ensalzado sea: “¿Acaso fuisteis testigos de lo que Jacob dijo a sus hijos cuando iba a morir? [Les dijo:] ‘¿A quién serviréis cuando yo ya no esté?’. Respondieron [sus hijos]: ‘Serviremos a tu dios, el dios de tus padres: Abraham, Ismael e Isaac, como a un dios uno. Nosotros nos sometemos a Él’.” (Sura ‘La Vaca’: 133).

          Tras ser encarcelado José, el profeta de Al·lâh – la paz sea con él – la brutalidad de la cárcel, la amargura de la separación y el dolor de la injusticia, no le hicieron olvidarse de la orden de llamar a la unicidad de Al·lâh y a su adoración a aquellos presos que estaban con él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Mis dos compañeros de cárcel! ¿Son preferibles señores distintos a Al·lâh, el Uno, el Impositivo? * Lo que servís, en lugar de servirle a Él, no son sino nombres que habéis puesto vosotros y vuestros padres, nombres a los que Al·lâh no ha conferido ninguna autoridad. La decisión pertenece sólo a Al·lâh. Él ha ordenado que no sirváis a nadie salvo a Él. Ése es el Islam verdadero. Pero la mayoría de las personas no saben’.” (Sura ‘José’: 39 – 40).

          Cuando la gente de Moisés, el profeta de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – pasó junto a un pueblo que adoraban imágenes, le pidieron a Moisés que les hiciese un dios para servirle, semejante al que aquellos adoraban. Entonces, Moisés les aclaró la verdad de esas divinidades que adoraban fuera de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “E hicimos que los Hijos de Israel atravesasen el mar. Llegaron a una gente entregada al culto de sus ídolos. Dijeron: ‘¡Moisés! ¡Haznos un dios, como ellos tienen dioses!’. [Moisés les dijo]: ‘¡Sois un pueblo ignorante! * Aquello en que esta gente está, va a ser destruido y sus obras serán en balde. * ¿Pensáis que voy a buscaros un dios diferente de Al·lâh, siendo que Él os ha agraciado entre todos los pueblos?’.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 138 – 140).

Tras Moisés vino Jesús – la paz sea con él – que fue enviado a los Hijos de Israel por haberse desviado y haber negado la legislación de Moisés – la paz sea con él – asociándole cosas a Al·lâh, y, así, devolverles al camino recto. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Niegan la verdad, ciertamente, quienes dicen: ‘Al·lâh es el Ungido, el hijo de María’, siendo así que el mismo Ungido dijo: ‘¡Hijos de Israel! ¡Servid a Al·lâh, mi Señor y Señor vuestro!’. Al·lâh veda el paraíso a quien asocia algo a Al·lâh. Su morada será el infierno. Los injustos no tendrán quien les auxilie.” (Sura 5 ‘Los Lugares Elevados’: 72).

Y Muhammad, el sello de los profetas y los mensajeros – la paz y las bendiciones sean con él – fue enviado a un pueblo que abandonó la adoración absoluta hacia Al·lâh , y acabaron adorando los árboles y las piedras. Muhammad permaneció entre ellos once años siguiendo sus encuentros y sus asambleas, predicándoles: “Decid: ‘no hay más dios salvo Al·lâh’, y triunfaréis”.

Éste es el mensaje con el que fueron enviados todos los Mensajeros: la realización de la servidumbre a Al·lâh. Y este es el discurso con el que comenzaban al dirigirse a sus pueblos: “¡Gente mía! Servid a Al·lâh, no tenéis a otro dios fuera de Él”.

          Dice Saied Qutb – que Al·lâh le tenga en Su misericordia: “La realidad es, que si la verdad de la servidumbre fuese un mero conjunto de ritos cultuales, ¡no se habría merecido todo este noble cortejo de los Mensajeros y los mensajes, ni se habría merecido todos esos esfuerzos no escatimados que realizaron los Mensajeros – la paz y las bendiciones sean con ellos, ni se habrían merecido todos esos tormentos y fatigas a las que se expusieron los predicadores y los creyentes a lo largo del tiempo! Todo lo que mereció pagar este ingente precio, fue sacar a todos los seres humanos de la servidumbre a los siervos y devolverles a la servidumbre a Al·lâh, sólo a Él, absolutamente en todo. Igualmente, en el método o la filosofía de vida, todo ello para este mundo y el Otro por igual”.

 

El comienzo de la aparición de asociar algo o alguien a Al·lâh (ŝirk).

Al principio, y desde Adam – la paz sea con él – el ser humano se encontraba en el monoteísmo con su inclinación natural y  la unicidad de . La primera vez que apareció el hecho de asociar algo a Al·lâh sobre este mundo, fue en el pueblo de Noé – la paz sea como él – como resultado de la exageración de magnificar a los piadosos y a los cercanos a Al·lâh. La gente de Noé tomó ídolos para que les recordasen aquellos siervos piados. Sin embargo, con el paso del tiempo, vinieron tras ellos unas generaciones que recibieron el susurro del demonio que les dijo, que sus antepasados sólo las erigieron por su baraca y su posición. Así, tras ellos, comenzaron a adorarles. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y dicen: ‘¡No abandonéis a vuestros dioses! ¡No abandonéis a Wadd ni Yagûz ni Ya‘ûq ni Nasr!” (Sura ‘Noé’: 23).

Dijo Ibn ‘Abbâs, el erudito y exégeta del Corán por excelencia – que Al·lâh esté complacido con él: “Estos ídolos representan nombres de hombres piadosos del pueblo de Noé. Cuando murieron, el demonio susurró a las gentes de su pueblo para que las erigiesen estatuas en las diferentes reuniones que realizaban y les pusiesen los nombres de aquellos piadosos, para que, éstas, les recordasen a aquellos piadosos. Y así lo hicieron. Sin embargo, esas estatuas no fueron adoradas hasta que aquellas personas que las crearon murieron, perdiéndose, así, el conocimiento real de aquello. Fue, entonces, cuando acabaron siendo adorados fuera de Al·lâh.

La existencia del hecho de asociar algo a Al·lâh en el mundo y los diferentes objetos de culto, demuestran  de un modo fehaciente la necesidad del ser humano por una divinidad a la que servir y que, en los principios de la existencia humana, ya se encontraba en la unicidad. Sin embargo, el largo tiempo que se dio entre ellos y entre sus profetas y mensajeros, el demonio les engalanó las obras que fueron el medio para tomar a otros dioses que adorar junto a Al·lâh. La servidumbre a Al·lâh se manifiesta de muy variadas formas, entre ellas:

 

  • La adoración de gente cercana a Al·lâh (auliyâ’) y de los piadosos, tal y como hizo la gente de Noé. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y dicen: ‘¡No abandonéis a vuestros dioses! ¡No abandonéis a Wadd ni Yagûz ni Ya‘ûq ni Nasr!” (Sura ‘Noé’: 23).

 

  • La adoración de piedras, árboles, estatuas e ídolos, tal y como hizo el pueblo de Abraham – la paz sea con él – cuando esculpieron la piedra y la madera realizando, a partir de ellas, dioses que adoraron fuera de Al·lâh. Dice Al·lâh, en palabras de Abraham – la paz sea con él – y reprochando la obra de su pueblo: “[Abraham] dijo: ¿Acaso servís aquello que vosotros mismos habéis esculpido, siendo que Al·lâh os ha creado a vosotros y lo que hacéis?” (Sura ‘Las Filas’: 95 – 96).

 

  • La adoración de estrellas, del sol, de la luna y de los astros, tal y como hizo la gente de la reina de Saba en tiempos de Salomón – la paz sea con él – y como la abubilla le informó sobre ello – como hemos citado. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Dijo la abubilla] He encontrado que ella y su pueblo se postran ante el sol, no ante Al·lâh. El demonio les ha engalanado sus obras y, habiéndoles apartado de la senda, no siguen la buena dirección.” (Sura 27 ‘Las Hormigas’: 24).

 

  • La adoración al ser humano, tal y como hizo el pueblo de Faraón. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Faraón dijo: ‘¡Dignatarios! Yo no tengo conocimiento de que tengáis a ningún otro dios que a mí. ¡Hâmân! ¡Cuéceme unos ladrillos y hazme una torre! Quizás, así, pueda [subir por ella] para ver el dios de Moisés. Si, pienso que [Moisés] es un mentiroso’.” (Sura 28 ‘El Relato’: 38).

 

  • La adoración a animales, tal y como hizo el pueblo de Moisés – la paz sea con él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Éste [el samaritano] les sacó un ternero, un cuerpo que mugía, y dijeron: ‘Éste es vuestro dios y el dios de Moisés; pero ha olvidado’. * ¿Es que no veían que no les devolvía contestación alguna ni podía dañarles ni aprovecharles? * Ya antes les había dicho Aarón: ‘¡Pueblo mío! Sólo se os ha probado con él. Vuestro Señor es el Misericordioso. ¡Seguidme, pues, y obedeced mis órdenes!’. * Dijeron: ‘No dejaremos de entregarnos a su culto hasta que Moisés haya regresado a nosotros.” (Sura 20 ‘Tâhâ’: 88 – 91).

 

  • La adoración a los profetas y a los mensajeros, tal y como realizó la gente extraviada de entre los judíos y los cristianos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Dicen [algunos judíos]: ‘Uzair es el hijo de Dios’ y los cristianos dicen: ‘El Mesías es el hijo de Dios’. Éstas son sólo palabras que salen de sus bocas, asemejándose por ello a los incrédulos que les precedieron. ¡Que Al·lâh les destruya! ¿Cómo pueden ser tan desviados?’” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 30).

 

  • La adoración a árboles, tal y como hizo el pueblo de Ŝu‘aib – la paz sea con él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Los habitantes de la espesura desmintieron a los mensajeros. * Cuando Ŝu‘aib les dijo: ‘¿Es que no vais a guardaros de Al·lâh? * Tenéis en mí a un enviado digno de confianza. * ¡Guardaos, pues, de Al·lâh y obedecedme!” (Sura 26 ‘Los Poetas’: 176 – 179).

 

  • La adoración a piedras, árboles, estatuas e ídolos, tal y como hacían los asociadores árabes. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y ¿qué os parecen al·Lât, al·‘Uzzà * y la otra, Manât, la tercera? * ¿Para vosotros los varones y para Él las hembras? * Sería un reparto injusto. * No son sino nombres que habéis puesto vosotros y vuestros padres, y a los que Al·lâh no ha conferido ninguna autoridad. No siguen sino conjeturas y los caprichos de sus egos, siendo que ya les ha venido su Señor con la Dirección.” (Sura 53 ‘La Estrella’: 23).

 

Así pues, la desviación de todas las comunidades precedentes respecto a la unicidad de Al·lâh y el caer en el asociar otras divinidades a Al·lâh, tiene como fundamento la magnificación de los piadosos de entre sus gentes y el haberse procurado estatuas e imágenes para solemnizar el recuerdo de dichos hombres y las virtudes y los modales que ostentaban. Esto es lo que explicó Muhammad, el mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – a Umm Habibah y a Umm Salamah, cuando ellas le hablaron al Profeta sobre la iglesia – conocida como la iglesia de María – que vieron en Abisinia, donde había imágenes. El Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – las dijo: “Cuando moría algún hombre piadoso entre aquellas personas, construían un templo sobre sus tumbas y realizaban estatuas para dicho templo. Ésas, son las peores personas de la creación ante Al·lâh el día del Levantamiento”.

 

Causas de la aparición de la servidumbre a otros fuera de Al·lâh

Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – explicó cuáles eran los accesos a través de los cuales se obtiene el saber y el conocimiento, y que la recepción ocurre a través del sentido del oído y de la vista, y la razón; y, a través de ellos, los seres humanos se percatan y conocen aquello que ocurre en el entorno de este mundo. Dice Al·lâh: “Al·lâh os ha sacado del seno de vuestras madres, privados de todo saber. Él os ha dado el oído, la vista y el intelecto. Quizás, así, seáis agradecidos.” (Sura 16 ‘Las Abejas: 78).

A través de estos conductos, el ser humano ve y escucha y, consecuentemente, medita y reflexiona. El inteligente, el que ha sido agraciado con el éxito, es aquel que es llevado a través de estos conductos a la fe en su Creador y a la realidad de su existencia. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘¡Fijaos en lo que hay en los cielos y en la Tierra!’. Pero ni los signos ni las advertencias sirven de nada a la gente que no cree.” (Sura 10 ‘Jonás’: 101).

Dice Saied Qutb – que Al·lâh le tenga en Su misericordia. “Si el ser humano reflexionase sobre su propia creación y constitución, los sentidos y los miembros de su cuerpo que le han sido concedidos, y las energías y las facultades, encontraría a Al·lâh y se guiaría a Él con estos prodigios que evidencian la existencia de un único Creador. Pues sólo Al·lâh es capaz de generar esta milagrosa creación, ya sea pequeña o grande.

          Éste oído solo ¿cómo trabaja, y cómo es capaz de tomar y transformar los sonidos? Esta vista sola ¿cómo puede contemplar, y cómo puede tomar y transformar las luces y las formas? Y éste corazón ¿qué es, cómo percibe y cómo mide las cosas, las formas, los conceptos, los valores, las sensaciones y los sentidos? El mero hecho de conocer estos sentidos y estas fuerzas, y el modo en el que operan, se puede considerar, en sí mismo, un descubrimiento milagroso en el mundo de los seres humanos. Por ello ¿cómo ha de ser entonces la admiración por el Creador y el que ha compuesto todas estas cosas de un modo armonioso con la naturaleza del mundo en el que vive el ser humano? Una armonía percibida, donde el desorden de una sola proporción de las diferentes proporciones que existen en la naturaleza del mundo y en la del ser humano, perdería todo contacto y, entonces, no podría el oído escuchar sonidos, ni el ojo podría recibir luz. Sin embargo, la fuerza que administra ha sabido coordinar entre la naturaleza del ser humano y la del mundo en el que vive y, así, es como se ha conseguido el contacto. Aunque, a pesar de todo ello, el ser humano no es agradecido por estas dádivas: “Es muy poco lo que agradecéis”. El agradecimiento comienza con el conocimiento de quien otorga la dádiva y ensalzando sus cualidades. Después, con su servidumbre únicamente a Él, pues Él es el único cuyas huellas en su creación atestiguan su unicidad”.

          Por ello, es por lo que el Sagrado Corán dirige su discurso al ser humano a través de estos conductos de recepción y le insta a que piense y reflexione en aquello que le llega – a través de estos conductos – sobre la inmensa capacidad que hay manifestada a su alrededor en las criaturas que hay en el mundo, para que pruebe, a través de ellas, que éstas no se han creado por sí mismas ni han aparecido por casualidad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Han sido creados de la nada? ¿O son ellos los creadores? * ¿O han creado los cielos y la Tierra? No, no están convencidos.” (Sura 52 ‘El Monte’: 35 – 36).

          En ocasiones, el discurso va dirigido a la gente inteligente, aquellos que utilizan su intelecto para llegar a la verdad y, así, toman el argumento de este mundo palpable y con Al·lâh, que le ha dado la existencia, y acaban sabiendo que toda elaboración necesita de un Elaborador, que toda creación precisa de un Creador, y que toda causa viene dada por un Causante. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “En la creación de los cielos y de la Tierra, en la sucesión de la noche y el día, en las naves que surcan el mar con lo que aprovecha a las personas, en el agua que Al·lâh hace descender del cielo – vivificando con ella la tierra después de muerta y diseminado por ella toda clase de bestias –, en la variación de los vientos, en las nubes – sujetas entre el cielo y la Tierra –, hay, ciertamente, signos para gente que razona.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 164).

          En otras ocasiones, las aleyas del Corán instan y ordenan meditar y reflexionar sobre los signos contemplados y palpables que hay en el mundo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y entre Sus signos está el haberos creado de tierra. Luego, al haceros seres humanos, os diseminasteis… * Y entre Sus signos está el haberos creado esposas nacidas de entre vosotros, para que encontréis en ellas quietud, y el haber suscitado entre vosotros afecto y bondad. Ciertamente, hay en ellos signos para gente que reflexiona. * Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la Tierra, la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores. Ciertamente hay en ello signos para los que saben. * Y entre Sus signos está vuestro sueño, de noche o de día, y vuestra solicitud en recibir Su favor. Ciertamente, hay en ello signos para gente que oye. * Y entre Sus signos está el haceros ver el relámpago, motivo de temor y de anhelo, y el hacer descender agua del cielo, vivificando con ello la tierra después de muerta. Ciertamente, hay en ello signos para gente que razona. * Y entre Sus signos está el que los cielos y la Tierra se sostengan por una orden Suya. Al final, apenas Él os llame de la tierra, saldréis al momento.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 20 – 25).

          En otras ocasiones, las aleyas coránicas ordenan mirar y observar a través de las manifestaciones que rodean al ser humano. Dice Al·lâh: “Di: ‘¡Mirad lo que está en los cielos y en la Tierra!’ Pero ni los signos ni las advertencias sirven de nada a gente que no cree.” (Sura 10 ‘Jonás’: 101).

En otras ocasiones, las aleyas ordenan la meditación que conduce al conocimiento. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Al·lâh] ha creado los cielos sin pilares visibles. Ha fijado en la Tierra las montañas para que ella y vosotros no vaciléis. Ha diseminado por ella toda clase de bestias. Hemos hecho descender agua del cielo y crecer en ella toda especie generosa. * Ésta es la creación de Al·lâh. ¡Mostradme, pues, qué han creado los otros dioses que hay fuera de Él! Sí, los injustos se encuentran evidentemente extraviados”. (Sura 31 ‘Luqmân’: 10 – 11).

En otras ocasiones, las aleyas ordenan escuchar y atender aquello que se dice, y después, reflexionar, aceptar lo que es correcto y seguir lo mejor. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Él es quien ha dispuesto para vosotros la noche para que descanséis en ella y el día para que podáis ver claro. Ciertamente, hay en ello signos para gente que oye.” (Sura 10 ‘Jonás’: 67).

En otras ocasiones, las aleyas ordenan tomar la lección y la enseñanza de lo que está en el entorno del ser humano y el medio en el que vive para, así, aprovechar el resultado de esa acción. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, en los rebaños tenéis un motivo de reflexión. Os damos a beber del contenido de sus vientres, entre heces y sangre: una leche pura, grata a los bebedores.” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 66).

Y dice también: “Y hemos enviado los vientos, que fecundan, y hacemos descender del cielo agua, de la que os damos a beber y que no sabéis conservar.” (Sura 15 ‘El Pueblo De Hegra’: 22).

Y dice también: “Ha dejado fluir las dos grandes masas de agua, que se encuentran, * pero que las separa una barrera que no rebasan. * ¿Cuál, pues, de los signos de vuestro Señor negaréis?” (Sura 55 ‘El Misericordioso’: 19 – 21).

Y dice también: “En la Tierra hay parcelas colindantes, viñedos, cereales, palmeras de tronco simple o múltiple. Todo lo riega una sola agua, pero hacemos que unos frutos tengan mejor sabor que otros. Ciertamente, hay en ellos signos para gente que razona.” (Sura 13 ‘El Trueno’:4).

          Sin embargo ¿dónde se encuentran aquellos que razonan, aquellos que consideran las cosas y se exhortan? Por ello, Al·lâh reprende en el Corán a aquellos que no utilizan los medios del oído, la visión y la razón para la reflexión, la observación, la consideración y la meditación, calificándolos de sordos, mudos y ciegos; aquellos medios que Al·lâh ha creado para ellos y que les pueden guiar; sin embargo, ni consideran ni se exhortan. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, hemos creado para la gehena muchos genios y seres humanos. Tienen corazones que no razonan, ojos con los que no ven y oídos con los que no escuchan. Son como los rebaños. Ésos son los despistados.” (Sura ‘Los Lugares Elevados’: 179).

El Sagrado Corán ha explicado las principales causas que han conducido a que se extendiese esa servidumbre fuera de Al·lâh, para que sus siervos se guardasen y estuviesen advertidos para no caer en ello, tal y como cayeron otros. De entre esas causas están las siguientes:

 

1 – La ciega imitación en seguir aquello que realizaban los antepasados de las personas, tanto en sus actos cultuales como en sus costumbres, incluso aun siendo algo falso que no puede ser acepto por la razón y lo rechaza la sana inclinación, sin cerciorarse, ni preguntar, ni investigar. Por ello, Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – criticó a aquellos que imitan ciegamente y no se esfuerzan en pensar ni soportan fatigas psíquicas ni corporales en busca de la verdad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y cuando se les dice: ‘Venid a la revelación de Al·lâh y al Mensajero’, dicen: ‘Nos basta aquello en que encontramos a nuestros padres’. ¿Y si sus padres no sabían nada ni estaban bien dirigidos?” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 104).

 

2 – La ciega obediencia a imames extraviados, tomando sus opiniones y actos sin ningún tipo de aclaración ni argumentación sobre ello. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Han tomado a sus doctores y a sus monjes, así como al Ungido, el hijo de María, como señores, en lugar de tomar a Al·lâh, cuando las órdenes que habían recibido no eran sino que sirvieran a Al·lâh Uno. ¡No hay más dios que Él! ¡Glorificado sea de aquello que le asocian!” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 31).

La obediencia exigida es aquella que se ejerce en lo reconocido (ma‘rûf). La verdad no se conoce por la cantidad ni por la gente, sino por los argumentos y las pruebas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Si obedecieses a la mayoría de los que están en el mundo, te extraviarían de la senda de Al·lâh. No siguen sino conjeturas, no formulan sino hipótesis.” (Sura 6 ‘Los Rebaños’: 116).

3 – La ciega obediencia a los gobernantes, los líderes y los poderosos, con la intención de estar cerca de ellos y obtener aquello que poseen de las adornos de este mundo, como el dinero, los rebaños, los campos de cultivo, y la ambición de obtener puestos de influencia y de gobierno. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh ha maldecido a quienes niegan la verdad preparándoles el fuego de la gehena, * en el que estarán eternamente para siempre. No encontrarán ni amigo ni nadie quien les auxilie. * El día que, en el Fuego, se desencajen sus rostros de dolor, dirán: ‘¡Ojalá hubiésemos obedecido a Al·lâh y al Mensajero!’. * Y dirán: ‘¡Señor! Hemos obedecido a nuestros líderes y a nuestros poderosos, y nos han extraviado de la senda. * ¡Dóblales, Señor, el castigo y maldíceles enormemente!’” (Sura 33 ‘Los Coaligados’: 64 – 68).

4 – Seguir la pasión y concupiscencia de los egos, en aquello que el demonio les engalana y les sugestiona, haciendo que vean como buenas sus opiniones, aquello por lo que se inclinan sus almas, la saciedad de sus pasiones y deseos. Así, rompen las bases de los argumentos para realizarlo sin tomar como referencia el conocimiento ni la razón. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Y si no te escuchan, sabe que no hacen sino seguir sus pasiones. ¿Y hay alguien más extraviado que quien sigue sus pasiones sin ninguna dirección que proceda de Al·lâh? Al·lâh no dirige a la gente injusta.” (Sura 28 ‘El Relato’: 50).

5 – El orgullo y el autoengaño, pues aun conociendo los signos de Al·lâh en este mundo y sus indicios, su orgullo y su autoengaño se interponen entre ellos y la fe en su Creador, tal y como hizo Faraón con Moisés, cuando éste le llamó para que sirviese a Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Faraón dijo: ‘Y ¿qué es el Señor del universo?’ * Dijo [Moisés]: ‘Es el Señor de los cielos, de la Tierra y de lo que entre ellos hay. Si estuvieseis convencidos…’. * [Faraón] dijo a los circunstantes: ‘¡¿Habéis oído?!’. * [Moisés] dijo: ‘Es vuestro Señor y Señor de vuestros antepasados…’. * [Faraón] dijo: ‘¡El mensajero que se os ha enviados es, ciertamente, un demente!’. * [Moisés] dijo: ‘… es el Señor del Oriente y del Occidente y de lo que entre ellos hay. Si razonaseis…’. * [Faraón] dijo: ‘¡Si tomas por dios a otro diferente de mí, he de encarcelarte!’.” (Sura 26 ‘Los Poetas’: 23 – 29).

Este orgullo, este autoengaño y esta altanería se desvanecen en estado de debilidad y cuando se tienen pocos ardides, tal y como se desvaneció de Faraón cuando las olas le tragaron y le llegó la agonía de la muerte. Fue, entonces, cuando su inclinación natural (fitrah) le condujo a reconocer la existencia de Al·lâh; sin embargo, responde con evasivas en el momento donde debe arrepentirse. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Hicimos que los Hijos de Israel atravesasen el mar. Faraón y sus tropas les persiguieron con espíritu de rebeldía y hostilidad, hasta que, a punto de ahogarse, dijo: ‘¡Ahora creo que no hay más dios que aquel en que creen los Hijos de Israel! Yo soy de quienes se someten a Él’. * ‘¿Ahora? ¿Después de haber desobedecido y de haber sido de los corruptores? * No obstante, hoy rescataremos tu cuerpo a fin de que seas un signo para quienes te sucedan’. * Son muchas, en verdad, las personas que se encuentran despistadas en cuanto a nuestros signos.” (Sura 10 ‘Jonás’: 90 – 92).

O su negación a la servidumbre a Al·lâh que viene dada por su rebeldía, entonces, se enfrentan a la verdad y niegan las realidades que señalan la existencia de Al·lâh, persistiendo, así, en su descarrío y su ignorancia. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Les negaron injusta y altivamente, a pesar de estar convencidos de ellos. ¡Mira, pues, cuál fue el fin de los corruptores!’ (Sura 27 ‘Las Hormigas’: 14).

6 – Los intereses personales que existen tras el hecho de hacer que los seres humanos sirvan a otros fuera de Al·lâh, se traten ya de intereses sociales, como quien quiere ostentar mandos religiosos o políticos en la sociedad para mover con ellas a las personas conforme a sus propios intereses; o puede tratarse de intereses económicos que le atraen partidarios, tal y como se puede contemplar respecto a los sirvientes de los mausoleos, las tumbas, los clérigos y los monjes. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Creyentes! Muchos doctores y monjes devoran la hacienda ajena injustamente, desviando a otros de la senda de Al·lâh. A quienes atesoran oro y plata, sin gastarlo por la causa de Al·lâh, anúnciales un castigo doloroso.” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 34).

7 – El lujo y las dádivas olvidadas ofrecidas por el Creador. Puede que la causa principal por la que se someten a las personas para servir a otros fuera de Al·lâh, sea el temor de aquellos adinerados y opulentos por perder el placer que ostentan, pues el hecho de servir a Al·lâh les hará que pierdan lo que tienen, como el lujo basado en la injusticia al ser humano y en devorar sus haciendas en balde, con la usura, la especulación, el engaño y hechos semejantes. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No hemos enviado advertidor a una ciudad sin que su gente adinerada dijese: ‘Negamos aquello con lo que habéis sido enviados’.” (Sura 34 ‘Saba’: 34).

8 – La ignorancia, que es uno de los enemigos de la humanidad y con la que descienden a los sótanos del extravío y el descarrío. Entonces, los seres humanos son conducidos por esta ignorancia tal y como son conducidas las ovejas, aprovechándose de ella para someterlos a la servidumbre de otros distintos a Al·lâh y, así, les es más fácil aprovecharse de ellos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘¡¿Es que me ordenáis que sirva a otro diferente de Al·lâh, ignorantes?!” (Sura 39 ‘Los Grupos’: 64).

9 – El anquilosamiento racional, donde la persona no medita en los signos que le rodean ni en sus indicios que le guían al camino correcto y le salvan del extravío y de dejar de ir dando tumbos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, únicamente los sabios son quienes temen a Al·lâh.” (Sura 35 ‘Originador’: 28).

10 – Los colonialistas, enemigos de la humanidad, que están sedientos de sangre y de acabar con la vida de las personas. A través de la expansión de la cultura de la adoración a otros fuera de Al·lâh en los diferentes medios humanos, es como consiguen materializar sus intereses y sus ambiciones colonialistas, así como establecer sus proyectos. Esto ocurre cuando nublan sus mentes con pronósticos que alejan a la gente de la realidad y aquello que les concierne, y les hacen vivir en los túneles de las invenciones y las conjeturas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Los dignatarios del pueblo de Faraón dijeron: ‘¿Dejaréis que Moisés y su pueblo corrompan en el país y os abandonen a ti y a tus dioses?’. [Faraón] dijo: ‘Mataremos, sin reparo alguno, a sus hijos y dejaremos con vida a sus mujeres. Los subyugaremos.” (Sura 7 ‘los lugares elevados’: 127).

Dijo Saied Qutb – que Al·lâh le tenga en Su misericordia: “Hoy día, la humanidad, en su conjunto, se encuentra en un retroceso global hacia una ignorancia (ÿâhiliyyah) de la cual, el último de los mensajeros, Muhammad – la paz y las bendiciones sean con él – ya les sacó. Esto queda representado en varias formas:

  • Algunas de estas formas se manifiestan en el ateísmo y la negación de la existencia de Al·lâh – glorificado sea. Se trata de una ignorancia en la creencia y en el imaginario, tal y como ocurre con la ignorancia de los comunistas.

 

  • Otras se manifiestan en el reconocimiento de la deformación de la idea de la existencia de Al·lâh y su desviación en las prácticas de culto, en su religiosidad, en su seguimiento y en su obediencia, tal y como ocurre con la ignorancia de los idólatras de los hinduistas y otros; así como la ignorancia de los judíos y los cristianos.

 

  • Otras se manifiestan en el correcto reconocimiento de la existencia de Al·lâh – glorificado sea – en la práctica de los actos de culto, pero con una peligrosa desviación en la comprensión de lo que significa ‘no hay más dios que Al·lâh y Muhammad es el mensajero de Al·lâh’ y con una completa asociación en la religiosidad, el seguimiento y la obediencia. Ello es semejante a la ignorancia de quienes se dicen a sí mismos ‘musulmanes’ y piensan que han accedido al Islam y han obtenido el calificativo del Islam y sus derechos, por el mero hecho de haber pronunciado el testimonio de fe y llevar a cabo los actos cultuales, habiendo entendido muy mal el significado de dicho testimonio y habiéndose entregado y adorado a otros fuera de Al·lâh de entre los siervos. Todo ello es igual a la ignorancia e incredulidad en Al·lâh de los primeros, o el asociar a Al·lâh, como ocurre con los últimos.

 

El peligro de adorar a otros fuera de Al·lâh

Ciertamente, todas las desobediencias y las faltas que cometen los siervos son perdonadas y son pasadas por alto, con la voluntad de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ¡Oh siervos míos que habéis prevaricado en detrimento propio! No desesperéis de la misericordia de Al·lâh, pues Al·lâh perdona todas las faltas.” (Sura 39 ‘Los Grupos’: 53).

… menos el asociar algo a Al·lâh, pues se trata de las faltas más grandes con las que se puede desobedecer a Al·lâh sobre la faz de la tierra. Por ello, ni lo perdona ni tiene misericordia con quien lo comete. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh no perdona que se le asocia, pero perdona lo menos grave a quien Él quiere. Quien asocia a Al·lâh está profundamente extraviado.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 116).

Por mucho que se acumulen las faltas y por mucho que pesen en las espaldas de quien las cometa, si se encuentra con Al·lâh sin haberle asociado nada, Al·lâh será perdonador y misericordioso con él, tal y como Al·lâh ha informado sobre sí mismo diciendo: “Quien realice una buena obra, tendrá diez recompensas y se las incrementaré; y quien realice una mala obra, le otorgaré su recompensa conveniente o se la perdonaré; y quien llegue a llenar casi la Tierra de errores y, después, se encuentre conmigo sin haberme asociado nada, le daré la misma medida pero en perdón”.

El asociar algo a Al·lâh es la falta que, a quien la comete, no le vale intercesión alguna de las obras piadosas, por muchas que sean. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Examinaremos sus obras y haremos de ellas polvo disperso en el aire.” (Sura 25 ‘El Discernimiento:23).

Y todo aquel que muera asociando algo a Al·lâh, tendrá como destino el que se le vede el acceso al paraíso y será puesto en el infierno, donde permanecerá eternamente para siempre jamás. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Los incrédulos de entre la Gente del Libro y los asociadores permanecerán en el fuego de la gehena eternamente. Ésos son los peores de entre las criaturas.” (Sura 98 ‘La Evidencia’:6).

Quien observa nuestro mundo de hoy, ve cómo se extienden manifestaciones de la servidumbre a otros fuera de Al·lâh. Desgraciadamente, además de ser algo que te deja estupefacto, es encontrar muchas personas de conocimiento que se apegan a adorados que han sido creados como él, tal y como ocurre con los cristianos, aquellos que predican que el Mesías es el hijo de Al·lâh, o con los judíos, que predican que Uzair es el hijo de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “[Algunos de] los judíos dicen: ‘Uzair es el hijo de Al·lâh’. Y los cristianos dicen: ‘El Mesías es el hijo de Al·lâh’. Eso es lo que dicen de palabra. Remedan lo que ya antes habían dicho quienes negaron la verdad. ¡Que Al·lâh les maldiga! ¿Cómo pueden ser tan desviados? * Han tomado a sus doctores y a sus monjes, así como al Mesías, el hijo de María, como señores, en lugar de servir a un dios Uno. ¡No hay más dios que Él! ¡Glorificado sea por aquello que le asocian!” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 30–31).

Encuentras a otros que adoran y santifican un árbol, una piedra o un animal, incluso muchos musulmanes que predican su Islam, asocian, en sus actos de culto, invocando a los muertos de entre los valíes, los piadosos o los profetas. Esta gente cree que estas personas tienen capacidad sobre cosas que únicamente la tiene Al·lâh. Les piden ayuda y socorro para que les satisfagan sus necesidades, les libren de una aflicción, les curen a un enfermo, para que tengan un niño o para que les faciliten el acceso a una necesidad. Circunvalan sus tumbas, buscan la baraca de ellas, sacrifican para ellas animales, creyendo que estos difuntos – que se encuentran en las tumbas – les pueden beneficiar o perjudicar en algo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Hay alguien más extraviado que quien, en lugar de invocar a Al·lâh, invoca a quienes no van a escucharle hasta el día del Levantamiento, y son indiferentes a sus plegarias?” (Sura 46 ‘Las Dunas’: 5).

Por ello, el Islam declaró ilícito todo aquello que sea un medio o un modo de apegarse a otros que no sean Al·lâh, como quienes se cuelgan amuletos, abalorios y los collares, en sus vehículos o en sus casas, creyendo que estas cosas les aportarán algún tipo de beneficio o les apartarán algún tipo de perjuicio. También ha declarado ilícito el Islam la creencia en la influencia de las estrellas y los movimientos de los astros sobre la vida de las personas y otras cosas similares, cortando, así, todo medio que pueda conducir a asociar algo a Al·lâh y para cortar todo camino que pueda llevar a apegarse o encomendarse a otros fuera de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Si les preguntas: ‘¿Quién ha creado los cielos y la Tierra?’, seguro que responderán: ‘¡Al·lâh!’. Di: ‘Y ¿qué os parece si Al·lâh me deseara una desgracia, las que invocáis en lugar de invocarle a Él podrían impedirlo? Y, si Él quisiera hacerme objeto de una misericordia, ¿podrían ellas evitarlo?’. Di: ‘¡Al·lâh me basta! Quienes se encomiendan, que se encomienden a Él.” (Sura ‘Los Grupos’: 38).

 

Sobre la verdad de aquello que es adorado fuera de Al·lâh

Todas las diferentes divinidades que son adoradas fuera de Al·lâh no pueden – aunque se aunasen con aquellos que las adoran – crear una mosca o un grano de mostaza, ni mucho menos, mandar o dirigir el mundo, ni aportar algún beneficio o apartar algún perjuicio. Esta ley está basada en el reto establecido hasta el día de la llegada de la Hora. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Seres humanos! Se propone una parábola; ¡escuchadla pues! Los que invocáis en lugar de invocar a Al·lâh serían incapaces de crear una mosca, aun si se aunaran para ello. Y, si una mosca se llevase algo, serían incapaces de recuperarlo. ¡Qué débiles son el suplicante y el suplicado!” (Sura 22 ‘La Peregrinación’: 73).

El Sagrado Corán ha explicado en muchas aleyas la realidad de estas divinidades, dirigiendo su discurso a quienes las adoran, aquellos que se imaginan, erróneamente, que tienen en su mano está su provisión, su auxilio, sus vidas, su salud y su procreación, algo que hace que se pregunten continuamente y se replanteen el extravío y la ignorancia en las que se encuentran. ¡Qué diferencia tan grande entre el Creador y la criatura! ¡Qué diferencia tan grande entre el Creador poderoso que tiene en su mano los reinos de todo, y entre las divinidades creadas que sólo están basadas en conjeturas, cuentos y asuntos insostenibles. Por ejemplo, la gente que vivía en la península arábiga antes de la llegada del Islam, fabricaba ídolos a partir de cualquier material, incluso de las cosas más tontas; llegando, algunos de ellos, a realizar ídolos con dátiles. Y, cuando tenía hambre y no encontraba algo que llevarse a la boca, se comía ese ídolo hecho de dátiles. Abû Raÿâ Al‘utâridî – que Al·lâh esté complacido con él – dijo: “Nosotros adorábamos las piedras antes de la llegada del Islam. Y, cuando encontrábamos una piedra mejor que la anterior, tirábamos ésa y adorábamos la nueva. Y, si no encontrábamos ninguna piedra, realizábamos un túmulo de tierra y, después, traíamos una oveja para tomar leche de sus odres, la echábamos sobre ese montículo de tierra y, luego, dábamos vueltas alrededor de él”.

La gente inteligente y sabia enmienda sus faltas y corrigen sus creencias en el mismo momento en que conoce la verdad. El noble Compañero Abû Darr Algifârî – que Al·lâh esté complacido con él – nos cuenta que, antes de acceder al Islam, tenía un ídolo al que se dirigía, al que ofrecía sacrificios, le invocaba y le pedía sus necesidades. En una ocasión, vino a este ídolo y vio cómo un zorro orinaba sobre su cabeza. Sorprendido, se paró a reflexionar y, entonces, se dio cuenta en el despiste en el que estaba inmerso y conoció la falsedad de lo que practicaba. Luego, recitó unos versos donde se burlaba del ídolo:

“Puede que un zorro orine sobre su cabeza

y, sin duda, queda humillado aquel sobre quien los zorros orinan.

Si fuese un dios se hubiese protegido,

y, por ello, no hay bien alguno en este dios al que pedimos cosas.

Me desentiendo de todos los ídolos que hay sobre la faz de la tierra

y, a partir de ahora, creo en Al·lâh, el Vencedor”.

 

Este es el modo de actuar del sano juicio y la inclinación saludable que, en todo momento, vuelve a la verdad siempre que le queda clara. Hay muchas aleyas del Corán que dirigen su discurso al sano juicio y le ordena reflexionar en la realidad de esas divinidades que son adoradas fuera de Al·lâh. Esas aleyas instan a la investigación y la indagación para, así, librarse de la ignorancia y la conjetura, elevándose con la reflexión al mundo de la verdad absoluta: la servidumbre a Al·lâh y sólo a Él. Estas aleyas dialogan con quienes sirven a otros fuera de Al·lâh y les explican la debilidad de las divinidades a las que adoran y su incapacidad de protegerse a sí mismas. Entonces, si esto es así ¿qué te parece el hecho de que estas divinidades puedan aprovechar a otras, siendo que niegan muchos de los atributos que, supuestamente, son propios de la divinidad que realmente se merece ser servida y adorada. La ignorancia y la estupidez más supinas, es que tomes una divinidad que no dispone, ni para sí misma, de lo que puede dañar o aprovechar, y no tiene poder sobre la muerte, ni sobre la vida, ni sobre la resurrección. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Le asocian dioses que no crean nada – antes bien, ellos mismos han sido creados – * y que no pueden ni auxiliarles a ellos ni auxiliarse a sí mismos? * Si les llamáis a la Guía, no os siguen. Les da lo mismo que les llaméis o no. * Aquellos a quienes invocáis en lugar de invocar a Al·lâh, son siervos como vosotros. ¡Invocadles, pues, y que os escuchen, si es verdad lo que decís! * ¿Tienen pies para andar, manos para asir, ojos para ver, oídos para oír? Di: ‘¡Invocad a vuestros asociados y urdid algo contra mí! ¡No me hagáis esperar! * Mi aliado es Al·lâh, que ha revelado el Libro y que elige a los piadosos como amigos. * Y los que vosotros invocáis en lugar de invocarle a Él, no pueden auxiliaros a vosotros ni auxiliarse a sí mismos’. * ¡Si les llamáis a la Guía, no oyen! Les ves que te miran, pero no ven.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 191 – 198).

Esas aleyas mandan a la gente de sano juicio a que observe y reflexione en los reinos de los cielos y de la Tierra y las criaturas que Al·lâh ha creado en ellos y cómo ha diseminado en ambos todo tipo de bestias, pues con ello, el sano juicio quedará convencido sobre la obligatoriedad de servir a quien ha dado la existencia de ello, únicamente a Él y sin asociarle nada. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘¡Alabado sea Al·lâh! ¡Y que la paz sea sobre sus siervos que Él ha elegido! ¿Quién es mejor: Al·lâh o lo que le asocian?’. * ¿Quién, si no, ha creado los cielos y la Tierra y ha hecho descender para vosotros agua del cielo, mediante la cual hacemos crecer primorosos jardines allí donde vosotros no podríais hacer crecer árboles? ¿Hay un dios junto con Al·lâh? Pero es gente que equipara. * ¿Quién, si no, ha estabilizado la tierra colocando por ella ríos, fijado montañas y puesto una barrera entre los dos grandes masas de agua? ¿Hay un dios junto con Al·lâh? Pero la mayoría no saben. * ¿Quién, si no, escucha la plegaria del necesitado, quita el mal y hace de vosotros regentes en la Tierra? ¿Hay un dios junto con Al·lâh? ¡Qué poco os dejáis amonestar! * ¿Quién, si no, os guía por entre las tinieblas de la Tierra y el mar, quién envía los vientos como nuncios que preceden a su misericordia? ¿Hay un dios junto con Al·lâh? ¡Ensalzado sea Al·lâh! ¡Está por encima de lo que le asocian! * ¿Quién, si no, inicia la creación y luego la repite? ¿Quién os sustenta de los bienes del cielo y de la Tierra? ¿Hay un dios junto con Al·lâh? Di: ‘¡Aportad vuestra prueba, si es que sois veraces!’ * Di: ‘Nadie en los cielos ni en la Tierra conoce lo oculto, fuera de Al·lâh. Y no presienten cuando serán resucitados.” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 59 – 65).

Las aleyas del Corán han explicado la cuestión del hecho de adorar fuera de Al·lâh en dos verdades:

  • La primera: la verdad de aquello que se adora fuera de Al·lâh en este mundo. Las aleyas coránicas, niegan que las divinidades que se adoran fuera de Al·lâh ostenten las cualidades de la perfección de necesaria presencia en la auténtica divinidad. Y ello, lo hace conforme a una comparación lógica, que es la siguiente:

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es omnisciente y abarca absolutamente todo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Quienes niegan la verdad dicen: ‘La Hora no nos llegará’. Di: ‘¡Claro que sí! ¡Por mi Señor, el conocedor de lo oculto, que ha de llegaros! No se le pasa desapercibido el peso de un átomo en los cielos ni en la Tierra. No hay nada, menor o mayor que eso, que no esté en un Libro claro.” (Sura 34 ‘Saba’: 3).

             Estas divinidades son incapaces desde el conocimiento, pues no saben nada respecto a las necesidades ni los estados de la gente. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Aquellos a quienes invocáis, en lugar de invocar a Al·lâh, son siervos como vosotros. ¡Invocadles, pues, y que os escuchen, si es que sois veraces!” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 194).

 

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es omnipotente y nada de cuanto esté en los cielos y en la Tierra se le escapa. En su mano está el beneficiar o el perjudicar. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Es que no ven que Al·lâh, que ha creado los cielos y la Tierra, es capaz de crear semejantes a ellos? Les ha señalado un plazo indubitable, pero los injustos no quieren sino negar la verdad.” (Sura 17 ‘el viaje nocturno’: 99).

Estas divinidades fuera de Al·lâh son incapaces respecto a la capacidad, pues no disponen nada de ello ni son capaces de atraer algún beneficio para sí mismas o para otras, ni apartar algún perjuicio a favor de ellas o favor de otras. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘¿Vais a servir, en lugar de servir a Al·lâh, lo que no puede dañaros ni aprovecharos?’. Al·lâh es quien todo lo oye, quien todo lo sabe.” (Sura 5 ‘las mujeres’: 76).

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – ostenta el dominio absoluto de todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “A Al·lâh pertenece el dominio de los cielos y de la Tierra. El día en que llegue la Hora… ése día será en que pierdan los falsarios.” (Sura 45 ‘la arrodillada’: 27).

             Estas divinidades que se adoran fuera de Al·lâh son incapaces respecto al dominio, pues no pueden independizarse ostentado para sí mismos algo de este mundo. Es más, éstas son posesiones de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Invocad a los que, en lugar de Al·lâh, pretendéis. No pueden el peso de un átomo en los cielos ni en la Tierra, ni tienen allí participación, ni Él encuentra en ellos ayuda.” (Sura 34 ‘Saba’: 22).

 

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es el Creador de todo y le ha dado la existencia de la nada. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ése es Al·lâh, vuestro Señor. No hay más dios que Él. Creador de todo. ¡Servidle, pues! Él vela por todo.” (Sura 6 ‘Los Rebaños’: 102).

             Éstos adorados fuera de Al·lâh ni si quiera pueden crear un átomo de lo más ínfimo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘¿Hay alguno de vuestros asociados que inicia la creación y, luego, la repite?’. Di: ‘Al·lâh inicia la creación y luego la repite. ¿Cómo podéis, pues, ser tan desviados?’.” (Sura 10 ‘Jonás’: 34).

 

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – dispone este mundo y lo administra conforme a cánones que Él ha creado en él y, por ello, ni se desmorona ni desaparece. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Vuestro Señor es Al·lâh, que ha creado los cielos y la Tierra en seis días. Luego, se estableció sobre el Trono para disponerlo todo. Nadie puede interceder sin su permiso. ¡Ése es Al·lâh, vuestro Señor! ¡Servidle, pues! ¿Es que no vais a reflexionar?” (Sura 10 ‘Jonás’: 3).

             Éstos adorados fuera de Al·lâh deben de disponer sus propios asuntos y, por ello, son más incapaces aun de gestionar algo de las otras criaturas de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No hay nadie en los cielos ni en la Tierra que no venga al Misericordioso sino como siervo.” (Sura 19 ‘María’: 93).

 

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es el proveedor de todo. El fuerte, el firme. Él aporta el sustento a quien Él quiere y se lo niega a quién Él quiere. Él se encarga de dar el sustento a todas las criaturas y las ha preparado las causas, a través de las cuáles, alcanzan ese sustento. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Cuántos animales hay que no pueden proveerse del sustento! Al·lâh se encarga de él y del vuestro. Él es quien todo lo oye, quien todo lo sabe.” (Sura 29 ‘La Araña’: 60).

             Éstos adorados fuera de Al·lâh son incapaces desde la provisión, pues no pueden obtener para vosotros sustento alguno ni tampoco privaros de él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘¿Quién os procura el sustento del cielo y de la Tierra? ¿Quién dispone del oído y de la vista? ¿Quién saca lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo? ¿Quién lo dispone todo? Dirán: ‘¡Al·lâh! Di, entonces: ‘¿Y no vais a guardaros, pues?’.” (Sura 10 ‘Jonás’: 31).

 

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es el Viviente; ostenta una vida real, ni morirá ni desaparecerá. ¿Cómo si no, siendo Él el Creador de la muerte – glorificado sea – y el Sustentador? No tiene principio ni tiene fin ni nadie que se le asemeje. Él es el encargado de su creación y, por lo tanto, ésta no tiene que se encargue de ella nadie más que Él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Él es el vivo. No hay más dios que Él. ¡Invocadle rindiéndole culto sincero! ¡Alabado sea Al·lâh, Señor de los mundos.” (Sura 40 ‘Perdonador’: 65).

             A éstos adorados fuera de Al·lâh les ocurre lo mismo que a todas las criaturas: mueren y desaparecen. Tienen un principio y un fin, y son incapaces de mantenerse por sí mismas. Entonces, ¿cómo podrán ocuparse de los asuntos de otros? Éstos adorados no saben qué se hará con ellos, entonces, ¿cómo van a conocer lo que se hará con otros? Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡No invoques a otro dios junto con Al·lâh! ¡No hay más dios que Él! ¡Todo perece salvo Él! Suya es la decisión y a Él seréis devueltos.” (Sura 28 ‘El Relato’: 88).

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es el que da vida y el que da muerte. Él da la vida a quien Él quiere de entre su creación para que alcance la edad que Él le haya decretado; y da la muerte a quién Él quiere de entre su creación, cuando nace o cuando es pequeño. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, Al·lâh posee el dominio de los cielos y de la Tierra. Da la vida y da la muerte. No tenéis, fuera de Al·lâh, amigo ni auxiliar.” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 116).

             Éstos adorados fuera de Al·lâh son incapaces de todo esto. Es más, no pueden disponer para evitar su propia desaparición. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “En lugar de tomarle a Él, han tomado a dioses que no crean nada, sino que ellos mismos son creados, que no disponen, ni siquiera para sí mismos, de lo que puede dañar o aprovechar, y no tienen poder sobre la muerte, ni sobre la vida, ni sobre la resurrección.” (Sura 25 ‘El Criterio’: 3).

             Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es quien se encarga del sustento de toda su creación, tanto la creación visible como la invisible de entre los seres humanos, los animales, las aves, los insectos y otros. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh es el proveedor de todo, el Fuerte, el Firme.” (Sura 51 ‘Los Vientos Que Arrastran’: 58).

             Éstos adorados no pueden disponer ni el hecho de alimentarse por sí mismos, entonces, ¿cómo van a alimentar a otros? Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Servís, en lugar de servir a Al·lâh, sólo ídolos, y creáis una mentira. Ciertamente, aquellos que vosotros adoráis en lugar de adorar a Al·lâh, no pueden procuraros sustento. ¡Buscad, pues, en Al·lâh el sustento, servidle y sed agradecidos con Él! A Él seréis devueltos.” (Sura 29 ‘La Araña’: 17).

  • Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – es quien todo lo oye, quien todo lo ve, escucha la plegaria, responde al apurado, atiende las necesidades, libera de las aflicciones y cura al enfermo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Quién, si no, escucha la invocación del necesitado, quita el mal y hace de vosotros sucesores en la Tierra? ¿Hay un dios junto con Al·lâh? ¡Qué poco os dejáis amonestar!” (Sura ‘Las Hormigas’: 62).

             Éstos adorados fuera de Al·lâh no ostentan nada de esto. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “La verdadera invocación es la que se dirige a Él. Los que invocan a otros en lugar de invocarle a Él, no serán escuchados en nada. Les pasará, más bien, como a quien, deseando alcanzar el agua con la boca, se contentan con extender hacia ella sus manos y no lo consigue. La invocación de quienes niegan la verdad es inservible.” (Sura 13 ‘El Trueno’: 14).

 

Segundo: la verdad, de lo que se adora fuera de Al·lâh, el día del Levantamiento

             Para que Al·lâh – bendito y ensalzado sea – libere al ser humano de la servidumbre a otros fuera de Él, o que se encomienden, o se apoyen a quienes son iguales que él – es decir, otras personas –, Al·lâh recuerda el destino, en la Otra vida, de quien obedece y sirve a otros fuera de Al·lâh o se los asocia a Él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Vosotros y lo que servís en lugar de servir a Al·lâh, seréis combustible para la gehena. ¡Arribaréis a ella! * Si ésos hubieran sido dioses, no habrían arribado a ella. Estarán todos en ella eternamente. * Gemirán en ella, pero no oirán en ella.” (Sura 21 ‘Los Profetas’: 98 – 100).

 

  • La verdad, de lo que se adora fuera de Al·lâh, en el momento de la muerte. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¿Hay alguien que sea más injusto que quien inventa una mentira contra Al·lâh o desmienta sus signos? Ésos tendrán la suerte a que han sido destinados. Cuando, al fin, nuestros enviados vengan a ellos para llamarles, dirán: ‘¿Dónde está lo que invocabais en lugar de invocar a Al·lâh?’. Ellos dirán: ‘¡Nos han abandonado!’. Entonces, atestiguarán, contra sí mismos, que negaban la verdad.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 37).

 

  • La verdad de aquello que se adora fuera de Al·lâh, el día de la toma de Cuentas, que no será más que decepción y contrición. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “El día que diga: ‘¡Llamad a aquellos que pretendíais que eran mis asociados!’, les invocarán, pero no les escucharán. Pondremos un abismo entre ellos.” (Sura 18 ‘La Caverna’: 52).

 

  • La verdad de aquello que se adora fuera de Al·lâh, el día de la toma de Cuentas, que será desentendimiento y exención de responsabilidad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “El día que les congreguemos a todos, diremos a los asociadores: ‘¡Quedaos donde estáis, vosotros y vuestros asociados!’. Les separaremos unos a otros, y sus asociados dirán: ‘¡No era a nosotros a quienes servíais!” (Sura 10 ‘Jonás’: 28).

 

  • La verdad de aquello que se adora fuera de Al·lâh, en la Otra vida, que sólo será disputas y enemistad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Han tomado dioses en lugar de tomar a Al·lâh, para alcanzar poder. * ¡No! Negarán haberles servido y se convertirán en adversarios suyos.” (Sura 19 ‘María’: 81 – 82).

 

  • La verdad de aquello que se adora fuera de Al·lâh, en la Otra vida, es que estará en el fuego de la gehena. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Vosotros y lo que servís, * no podréis seducir contra Él, * sino a quien vaya a arder en el fuego de la gehena.” (Sura 37 ‘Las Filas’: 161 – 163).

 

Los frutos de la servidumbre a Al·lâh

             La servidumbre a Al·lâh es la que mueve al alma humana a realizar el bien y a trabajar. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ayudaos mutuamente a practicar la piedad y a guardaros de Al·lâh, no al pecado ni a la transgresión de la ley. ¡Guardaos de Al·lâh! Al·lâh castiga severamente.” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 2).

             De entre los frutos de la servidumbre a Al·lâh encontramos los siguientes:

           1 – La reforma del individuo. La servidumbre a Al·lâh define cuáles son las responsabilidades, los derechos y las obligaciones que hay entre los individuos de una sociedad. Si todo individuo fuese consciente de que Al·lâh observa todas sus obras, ya se encuentre en público o en privado, la persona temería por saber que Al·lâh le observa, se encontraría temeroso de que Al·lâh le viese realizando algo prohibido, o se olvidase de él cuando le tocase realizar alguna obligación. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Conoce la falsedad de los ojos y lo que ocultan los pechos.” (Sura 40 ‘Perdonador’: 19).

           Es así como el individuo corrige su actitud consigo mismo. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Sé indulgente, ordena el bien y apártate de los ignorantes!” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 199). También se educa la actitud del individuo con otras personas, y se eleva, a través de su trato, con todas las criaturas que se encuentran en torno a él y purifica su ego de la tiranía del amor a este mundo. Entonces, su corazón se amansa para la aplicación de las órdenes de Al·lâh que le instan a realizar obras de bien y a alejarse de hechos reprobables. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Tu Señor ha decretado que no sirváis sino a Él y que seáis buenos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos envejecen en tu casa, no le digas: ‘¡Uf!’ ni les trates con antipatía, sino sé cariñoso con ellos. * Por piedad, muéstrate deferente con ellos y di: ‘¡Señor! Ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron conmigo cuando me educaron siendo niño’. * Vuestro Señor conoce bien vuestros pensamientos. Si sois piadosos, Él es Perdonador con los que se arrepienten sinceramente. * Da lo que es de derecho al pariente, así como al padre y al viajero, pero sin prodigarte demasiado, * pues los pródigos son hermanos de los demonios y, el Demonio, es desagradecido para con su Señor. * Si, buscando una misericordia procedente de tu Señor, que esperas, tienes que apartarte de aquellos, diles, al menos, una palabra amable. * No lleves la mano cerrada a tu cuello, ni la extiendas demasiado; si no, te encontrarás censurado, falto de recursos. * Tu Señor dispensa el sustento a quien Él quiere: a unos con largueza, a otros con mesura. Está bien informado de sus siervos, les ve bien. * ¡No matéis a vuestros hijos por miedo a empobreceros! Somos nosotros quienes les proveemos y a vosotros también. Matarles es un gran pecado. * ¡Evitad la fornicación: es una deshonestidad! ¡Un mal camino! * No matéis a nadie que Al·lâh no haya prohibido, sino con justo motivo. Si se mata a alguien sin razón, damos autoridad a su pariente próximo, pero que éste no se exceda en la pena; pues está auxiliado. * No toquéis la hacienda del huérfano sino de manera conveniente hasta que alcance la madurez. ¡Cumplid todo compromiso, porque se pedirá cuenta de él! * Cuando midáis, dad la medida justa y pesad con una balanza exacta. Es mejor y da muy buen resultado. * No vayas tras algo de lo que no tienes conocimiento; del oído, de la vista, del intelecto, de todo ello se pedirá cuenta. * No vayas por la Tierra con insolencia, que no eres capaz de hender la Tierra, ni de alzarte a la altura de las montañas. * Tu Señor detesta lo malo que hay en ello.” (Sura 17 ‘El Viaje Nocturno’: 23 – 38).

           Y dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di a mi siervos que hablen de la mejor manera. Ciertamente, el Demonio siembra la discordia entre ellos. El Demonio es, para el ser humano, un enemigo declarado.” (Sura 17 ‘el viaje nocturno’: 53).

           2 – La reforma de la sociedad. La servidumbre transmite una reforma para la sociedad, pues en dicha servidumbre, existen leyes que garantizan la salvaguarda de la vida, del dinero, de la dignidad, de la razón y la procreación humana.

  • Dice Al·lâh – ensalzado sea – sobre la salvaguarda de la vida humana y del cuerpo de las personas: “Les hemos prescrito en ella: ‘Vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente y la ley del talión por las heridas’. Y si uno renuncia a ello, le servirá de expiación. Quienes no decidan según lo que Al·lâh ha revelado, ésos son los injustos.” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 45).

 

  • Dice Al·lâh – ensalzado sea – sobre la salvaguarda del dinero: “Al ladrón y a la ladrona cortadles la mano, como retribución por lo que han cometido, como castigo ejemplar de Al·lâh. Al·lâh es Poderoso, Sapientísimo.” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 38).

 

  • Y dice Al·lâh – ensalzado sea – respecto a la salvaguarda del honor ante una acusación de fornicación: “Flagelad a la fornicadora y al fornicador con cien azotes cada uno. Por respeto a la ley de Al·lâh, no seáis mansos con ellos, si es que creéis en Al·lâh y el Otro día. Y que un grupo de creyentes sea testigo de su castigo.” (Sura 24 ‘la Luz’: 2).

 

  • Y dice Al·lâh – ensalzado sea – respecto a la salvaguarda del honor ante una difamación: “A quienes difamen a las mujeres honestas sin poder presentar cuatro testigos, flageladles con ochenta azotes y nunca más aceptéis su testimonio. Ésos son los descarriados.” (Sura 24 ‘la Luz’: 4).

 

  • Y dice Al·lâh – ensalzado sea – respecto a la salvaguarda del intelecto: “Te preguntan acerca del vino y las apuestas. Di: ‘Ambos encierran un gran pecado y ventajas para las personas, pero su pecado es mayor que su utilidad’. Te preguntan qué deben gastar. Di: ‘Lo superfluo’. Así os explica Al·lâh las aleyas. Quizás, así, meditéis.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 219).

 

 

  • Y dice Al·lâh – ensalzado sea – respecto a la salvaguarda de la procreación: “Pero, apenas te vuelve la espalda, se esfuerza por corromper por la Tierra y destruir las cosechas y el ganado. Al·lâh no ama la corrupción.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 205).

             3 – La organización de las relaciones internacional y el buen trato al vecino: toda la creación son siervos de Al·lâh, le sirvan o no. Al·lâh ha ordenado tratar de la mejor manera a las personas en este mundo. En cuanto a la Otra vida, la toma de Cuentas será cosa de su Señor. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Seres humanos! Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra, y hemos hecho de vosotros pueblos y comunidades para que os conozcáis unos a otros. Ciertamente, el más noble de vosotros para Al·lâh es quien más se guarda de Él. Al·lâh lo sabe todo y está bien informado.” (Sura 49 ‘Los Aposentos Privados’: 13).

             Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – envió a su mensajero Muhammad – la paz y las bendiciones sean con él –como misericordia para todo el mundo, le obedezcan o no. Quien le obedezca, tendrá la recompensa y la retribución que Al·lâh ha prometido; y quien no le obedezca, no será tratado injustamente en nada ni en su Dîn. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No te hemos enviado sino como misericordia para todos los mundos.” (Sura 21 ‘los profetas’: 107).

             Éste es su llamamiento y éste es su Dîn. Al·lâh le envió con el llamamiento a la servidumbre de Al·lâh, con docilidad y buenas palabras. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Llama a la senda de tu Señor con sapiencia y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más conveniente. Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su senda y conoce mejor que nadie a quienes están dirigidos.” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 125).

             Tu servidumbre a Al·lâh y tu seguimiento de su ley, te exigen ser justo con todo: contigo mismo y con todas las criaturas de Al·lâh que están en tu entorno, incluso hasta el buen trato para con los animales. Pues, una mujer, fue castigada con el infierno a causa de una gata a la que encerró y no la dio de comer ni la dejó que comiese las hierbas de la tierra; y una prostituta de entre los Hijos de Israel, fue recompensada con la entrada al paraíso a causa de un perro que se comía la tierra a causa de su sed y, ella, le dio de beber; y una persona fue perdonada por quitar una rama espinosa que se encontraba en medio del camino y perjudicaba a la gente, tal y como informó el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él. Igualmente, te pide que seas justo con quien te ha declarado la enemistad. Por ello, no puede haber injusticia, sino el mejor de los tratos y el mejor carácter. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Mi Señor ordena la equidad. Dirigíos a Él siempre que oréis e invocadle rindiéndole culto sincero. Así como os ha creado, volveréis.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 29).

             Ahora, parémonos ante algunas aleyas que establecen el buen trato al vecino:

  • El buen trato y la piedad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes no han combatido contra vosotros por causa de la religión ni os han expulsado de vuestras casas. Al·lâh ama a los que son equitativos.” (Sura 60 ‘La Examinada’: 8).

 

  • Ofrecerles seguridad y amán. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Si uno de los asociadores te pide protección, concédesela, para que oiga la palabra de Al·lâh. Luego, facilítale la llegada a un lugar en que esté seguro. Es que son gente que no sabe.” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 6).

 

  • No engañarles ni traicionarles. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Si temes una traición por parte de una gente, denuncia, con equidad, la alianza con ella. Al·lâh no ama a los traidores.” (Sura 8 ‘Los Botines De Guerra’: 58).

 

  • Restituirles los depósitos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Al·lâh os ordena que restituyáis los depósitos a sus propietarios y, que cuando decidáis entre las personas, lo hagáis con justicia. ¡Qué bueno es aquello a lo que Al·lâh os exhorta! Al·lâh todo lo oye, todo lo ve.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 58).

 

  • Cumplir los pactos contraídos con ellos y no romperlos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Se exceptúan los asociadores con quienes habéis concertado una alianza y no os han fallado en nada ni han ayudado a nadie contra vosotros. Respetad vuestra alianza con ellos durante el plazo convenido. Al·lâh ama a quienes se guardan de Él.” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 4).

 

  • Tratarles justamente y no ser injusto con nadie. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Creyentes! ¡Sed íntegros ante Al·lâh cuando depongáis con equidad! ¡Que el odio a una gente no os incite a obrar injustamente! ¡Sed justos! Esto es lo más próximo a guardarse de Al·lâh. ¡Y guardaos de Al·lâh! Al·lâh está bien informado de lo que hacéis.” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 8).

 

  • No cometer excesos ni transgresiones. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Combatid por Al·lâh contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Al·lâh no ama a quienes se exceden.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 190).

 

  • Alcanzar la paz con ellos. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Si, al contrario, se inclinan hacia la paz, ¡inclínate tú también hacia ella! ¡Y encomiéndate a Al·lâh! Él es quien todo lo oye, quien todo lo sabe.” (Sura 8 ‘Los Botines De Guerra’: 61).

             4 – Reprender la terquedad de los instintos y los deseos animales del ser humano. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ‘Mi Señor prohíbe sólo las deshonestidades, tanto las manifiestas como las ocultas, el pecado, la tiranía, que asociéis a Al·lâh algo que Él no ha conferido autoridad y que digáis contra Al·lâh lo que no sabéis.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 33).

             5 – Transmite el optimismo y el buen pensamiento con Al·lâh, y alejar el pesimismo, lo que pueda demorar el anhelo y derrocar las aspiraciones. Así, el alma se calma, se sosiega y se complace con el dictamen y el decreto de Al·lâh, pues sabe que todo cuanto Al·lâh decreta es bueno, aunque, aparentemente, pueda parecer lo contrario. El alma, entonces, atiende a la vida y no ve en ella sino la parte positiva de las cosas. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Ciertamente, tras la adversidad, viene la facilidad! * ¡Sin duda, tras la adversidad, viene la facilidad!” (Sura 94 ‘La Expansión’: 5 – 6).

             6 – Liberar a los seres humanos de todos los mitos, cuentos y conjeturas que hacen que las personas se apeguen a adorados que ni aprovechan ni perjudican. Esta verdad la explicó Abraham, el patriarca de los profetas – la paz sea con él – a su gente con un estilo que les hizo reflexionar en la verdad de aquello que servían. Dice Al·lâh – ensalzado sea – hablándonos de Abraham: “¡Cuéntales la historia de Abraham! * Cuando dijo a su padre y a su pueblo: ‘¿Qué servís?’. * Dijeron: ‘Servimos ídolos y continuaremos entregándonos a su culto’. * Dijo [Abraham]: ‘Y ¿os escuchan cuando les invocáis? * ¿Pueden aprovecharos o haceros daño?’. * Dijeron: ‘¡No, pero encontramos que nuestros antepasados hacían lo mismo!’. * [Abraham] Dijo: ‘¿Y habéis visto lo que servíais, * vosotros y vuestros lejanos antepasados? * Son mis enemigos, a diferencia del Señor de los mundos. * Que me ha creado y me dirige, * me da de comer y de beber, * me cura cuando enfermo, * me hará morir y, luego, me volverá a la vida, * de quien anhelo el perdón de mis faltas el día del Juicio.” (Sura 23 ‘Los Poetas’: 69 – 82).

             7 – Liberar a las personas para que no devengan esclavos de los sistemas y los códigos humanos que han sido establecidos con el mero fin de materializar intereses personales, locales o internacionales y que, con ellos, se busca la servidumbre de la gente. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Di: ¿Tomaré como amigo a otro distinto de Al·lâh, Creador de los cielos y de la Tierra, que alimenta sin ser alimentado?’ Di: ‘He recibido la orden de ser el primero en someterse a Al·lâh y no ser de los asociadores’.” (Sura 6 ‘los rebaños’: 14).

             8 – Alimentar el espíritu del siervo con la certeza y el buen encomendamiento a Al·lâh y, así, sobreponerse a los momentos duros y las crisis, gracias a la confianza en Al·lâh que la servidumbre a Él deposita en su corazón. Así, las expectativas no quedarán frustradas ni se cortará la esperanza. Después de que el profeta de Al·lâh Moisés – la paz sea con él – huyese de su pueblo del yugo de Faraón y su corte – aquellos que asesinaron a sus hijos y dejaron con vida a sus mujeres – y les cercaron con sus carruajes, tenían el corazón lleno de odio hacia ellos. Entonces, Moisés y su gente se encontraron frente al mar sin ningún tipo de salida ni camino, mientras Faraón y sus tropas se encontraban tras ellos, sin ningún tipo de ayuda ni auxilio. En ese momento, la gente de Moisés creyeron que estaban perdidos y dijeron: “¡Hemos sido alcanzados!”. Sin embargo, Moisés dijo a su pueblo con sinceridad, encomiendo y la gran confianza en Al·lâh, que Al·lâh iba a frustrar las expectativas del injusto y vencerá a su grupo; y que Al·lâh no iba a frustrar a quien se encomienda a Él y piensa bien en Él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “A la salida del sol, les persiguieron. * Cuando los dos grupos se divisaron, dijeron los compañeros de Moisés: ‘¡Nos ha alcanzado!’ * [Moisés] dijo: ‘¡No! ¡Mi Señor está conmigo, el dirigirá!’ * E inspiramos a Moisés: ‘¡Golpea el mar con tu vara!’ El mar, entonces, se partió y cada parte era como una imponente montaña. * Hicimos que los otros se acercaran allá, * y salvamos a Moisés y a todos los que con él estaban. * Luego, anegamos a los otros. * Ciertamente, hay en ello un signo, pero la mayoría no creen.” (Sura 26 ‘Los Poetas’: 60 – 67).

             9 – El secreto de la felicidad del alma y la tranquilidad del corazón. La servidumbre es el camino de la fe en el dictamen y el decreto, para que el siervo sepa que, aquello que le pueda avenir no era para que cometiese un error, o aquello en lo que pudo errar no era porque tenía que sucederle, tal y como informó el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – cuando dijo: “Has de saber que si toda la comunidad se uniesen para beneficiarte en algo, no lo harían en nada salvo en aquello que Al·lâh ha prescrito a tu favor; y aunque se uniesen para perjudicarte en algo, no lo harían en nada, salvo en aquello que Al·lâh ha prescrito en tu contra.”

             Cuando el siervo siente esto y tiene la certidumbre que todos los asuntos están en la mano de Al·lâh y todo cuanto pueda ser o acontecer en este mundo – salvo aquello que Al·lâh ha decreto y dictaminado –, entonces, su alma se tranquiliza, obra tal y como se le ha ordenado, y se complace con aquello que se le ha concedido en el reparto. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No sucede ninguna desgracia si Al·lâh no lo permite. Él dirige el corazón de quien cree en Al·lâh. Al·lâh es Omnisciente.” (Sura 64 ‘La Reunión’: 11).

             Es, entonces, cuando somete sus asuntos a Al·lâh y delega en Él todo, sin angustia ni enojo por lo que pueda acontecer o sea del disgusto de su alma, pues puede, que el alivio sea la propia matriz de las puestas en prueba. ¡Cuántas pruebas y tribulaciones eran, en realidad, un bien y una gracia! Al·lâh sabe, mientras que vosotros no sabéis. Dijo Ibn ‘Abbâs: ‘En una ocasión, estaba sentado en la montura con el Profeta – la paz y las bendiciones sean con él – y éste me dijo: “¡Ibn ‘Abbâs! Complácete con Al·lâh en aquello que te ha decretado, aunque sea contrario a tu deseo, pues está fijado en la Escritura de Al·lâh”. Yo dije: ‘¡Mensajero de Al·lâh! Eso que me dices ¿dónde se encuentra? ¿Pues yo he leído el Corán [y no está]?’. El Profeta respondió: “Se encuentra en la aleya: “Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Al·lâh sabe, mientras que vosotros son sabéis.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 216).

             10 – La servidumbre ayuda a soportar el dolor y ser paciente con ello. La servidumbre a Al·lâh genera una dulzura en el corazón, que únicamente puede sentirla aquel cuya fe sea sincera en su servidumbre a Al·lâh; y, además, le hace olvidar todas las fatigas de este mundo. Los magos del Faraón, aquellos que él mismo trajo para enfrentarse a Moisés con la magia de ellos, cuando vieron la veracidad de sus signos, la fe entró en sus corazones y, entonces, reconocieron la servidumbre a Al·lâh. Entonces, Faraón ordenó que les torturasen antes de acabar con ellos. Sin embargo, los magos no dejaron su fe y fueron pacientes frente a la prueba, tal y como nos informó Al·lâh – ensalzado sea – cuando dijo: “Los magos cayeron prosternados. Dijeron: ‘¡Creemos en el Señor de Aarón y de Moisés!’. * [Faraón] dijo: ‘Le habéis creído antes de que yo os autorizara a ello. Él es vuestro maestro, que os ha enseñado la magia. He de haceros amputar las manos y los pies opuestos y crucificaros en troncos de palmera. Así sabréis, ciertamente, quién de nosotros es el que inflige un castigo más cruel y más duradero’. * [Los magos] dijeron: ‘No te preferiremos a ti a las pruebas claras que se nos han ofrecido ni a quien nos ha creado. Decide lo que tengas que decidir; tú sólo decides sobre la vida de acá. * Creemos en nuestro Señor, para que nos perdone nuestros pecados y la magia a que nos has obligado. Al·lâh es mejor y más duradero. * Quien viene a su Señor como culpable tendrá la gehena y, en ella, no morirá ni vivirá’.” (Sura 20 ‘Tâhâ’: 70 – 74).

             11 – La servidumbre genera en el alma del siervo una introspección, con la cual, el siervo se mantiene en observación de sus obras, sus palabras y sus acciones. Ello, ocurre con el sentimiento que le producen las siguientes palabras de Al·lâh – ensalzado sea: “[Al·lâh] conoce la falsedad de los ojos y lo que esconden los pechos.” (Sura 40 ‘Perdonador’: 19).

             Cuando ello ocurre, ves cómo la persona se afana con todas sus fuerzas para sentir a Al·lâh con él cuando realiza algo que se le ha ordenado, y que no le encuentre realizando aquello que se le ha prohibido, pues siente la vigilancia de Al·lâh sobre él y cómo observa todas sus obras. La personas, pues, se afanan en cumplir con aquello que Al·lâh y las personas desean. Al contrario de lo que ocurre en una vigilancia externa, donde las personas intentan burlarla cuando esa vigilancia externa no existe, o se despista o se debilita. Ejemplo de ello lo encontramos en el azaque (zakâh) en el Islam. El musulman  siempre se apresura con todas sus energías en pagarla. Es más, busca quién es merecedor de ese azaque y se lo da de buena gana y con gusto. Al contrario de lo que ocurre con las tributaciones que les son impuestas y que, utilizando diferentes medios, buscan eludir su pago a través de la falsificación, el engaño, el soborno y otras semejantes y reprochables actitudes.

             12 – La cura de las desgracias que la avienen a una persona y su propio consuelo. Cuando la persona practica la servidumbre a Al·lâh, encuentra respuesta para todas las desgracias y los problemas que le puedan acaecer, a través de su propio retiro con su Creador y poniendo en práctica sus órdenes ante estas situaciones. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Creyentes! Buscad ayuda en la paciencia y en la oración. Ciertamente, Al·lâh está con los pacientes.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 153).

             Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Dad por hecho de que vamos a probaros con algo de miedo, de hambre, y de pérdida de vuestra hacienda, de vuestra vida y de vuestros frutos. ¡Pero anuncia albricias a los pacientes! * Aquellos que, cuando les acaece una desgracia, dicen: ‘Pertenecemos a Al·lâh y a Él volveremos!’ (no se pone punto tras el signo de admiración)* Ellos recibirán las bendiciones y la misericordia de su Señor. Ellos son los bien guiados.” (Sura 2 ‘La Vaca’: 155 – 157).

             13 – La dignidad y la consideración del siervo. Aquel que es siervo sincero con Al·lâh, Al·lâh estará con él; y aquel con quien Al·lâh esté, no será humillado, ni vencido, ni subyugado. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ciertamente, Al·lâh está con quienes se guardan de Él y con quien obran excelentemente.” (Sura 16 ‘Las Abejas’: 128).

             ¿Cómo no va a ser así, si Él es el soberano del mundo, su creador, su administrador y lo cubre con su protección?, en virtud a las palabras de Al·lâh – ensalzado sea: “Quien tome como aliado a Al·lâh, su Mensajero y a los creyentes, que sepa, que los partidarios de Al·lâh serán los que venzan.” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 56).

             14 – La protección contra los demonios y sus susurros. Aquel que realiza la servidumbre a Al·lâh, Éste le protegerá por los cuatro costados. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Tú [Demonio] no tienes poder alguno sobre mis siervos, salvo sobre los descarriados que te sigan’.” (Sura 15 ‘El Pueblo de Hegra’: 42).

             15 – La seguridad del alma humana y la tranquilidad del espíritu. La servidumbre es una liberación para el ego humano de todo sentimiento de miedo en todas sus formas, ya sea el miedo al pasado, al presente o al futuro. Ello le hace sentir, que todos los asuntos se encuentran en la mano de aquel que se ha prescrito sobre sí mismo el ser Misericordioso en todo momento. Por ello ¿cómo no va a tranquilizarse el alma humana y el corazón no va a sentir la quietud cuando escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea: “Y quien se guarda de Al·lâh, Él le da una salida * y le provee por donde menos se lo espera. Y quien se encomienda a Al·lâh, Él le basta. Al·lâh consigue lo que se propone. Al·lâh ha establecido una medida para cada cosa.” (Sura 65 ‘El Divorcio’: 2 – 3).

             Todas las formas del miedo desaparecen y se disipan en el seno de la servidumbre a Al·lâh, alimenta la provisión del alma y del espíritu con la complacencia, saciando su hambre y apagando su sed. Por ello, si el miedo es:

  • Miedo a lo desconocido. Con la servidumbre a Al·lâh no existe el miedo a lo desconocido ni congoja por el futuro. ¿Cómo va a temer aquel que escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “Al·lâh ha prometido a los creyentes y a las creyentes, jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente, y viviendas agradables en los jardines del edén. Pero la satisfacción de Al·lâh será mejor aún. ¡Ése es el éxito grandioso!” (Sura 9 ‘El Arrepentimiento’: 72).

 

  • El miedo a las enfermedades. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a aquel que escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “No ocurre ninguna desgracia ni en la Tierra ni en vosotros mismos, que no esté en una Escritura antes de que la ocasionemos. Es cosa fácil para Al·lâh.” (Sura 57 ‘El Hierro’: 22).

 

  • El miedo a la muerte. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a la muerte aquel que escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “Nadie puede morir sino con permiso de Al·lâh y según el plazo fijado. A quien quiera la recompensa de la vida de acá, le daremos de ella; y a quien quiera la recompensa de la Otra vida, le daremos de ella. Y retribuiremos a los agradecidos.” (Sura 3 ‘La Familia de Imrân’: 145).

 

  • El miedo a no tener descendencia. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a no tener descendencia quien escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “El dominio de los cielos y de la Tierra pertenece a Al·lâh. Crea lo que quiere. Regala hijas a quien Él quiere y regala hijos a quien Él quiere; * o bien, les da ambos, varones y hembras, o hace estéril a quien Él quiere. Él es Omnisciente, Omnipotente.” (Sura ‘La Consulta’: 49 – 50).

 

  • El miedo a las enfermedades psicológicas. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a ello cuando escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “Aquellos que creen y cuyos corazones se tranquilizan con el recuerdo de Al·lâh, ¿y cómo no van a tranquilizarse los corazones con el recuerdo de Al·lâh?”. (Sura 13 ‘el trueno’: 28).

 

  • El miedo a los tiranos. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a ello quien escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “A aquellos a quienes se les dice: ‘La gente se ha agrupado contra vosotros, ¡tenedles miedo!’, esto aumenta la fe y dicen: ‘¡Al·lâh nos basta! ¡Es un protector excelente!’. * Y regresaron por una gracia y favor de Al·lâh, sin sufrir mal. Buscaron la complacencia de Al·lâh. Y Al·lâh es el dueño del favor inmenso. * Así es el demonio: hace tener miedo a sus aliados. Pero, si sois creyentes, no tengáis miedo de ellos, sino de Mí.” (Sura 3 ‘La Familia de ‘Imrân’: 173 – 175).

 

  • El miedo a la pobreza y el hambre. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a ello quien escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “¡Cuántas bestias hay que no pueden proveerse del sustento! Al·lâh se encarga de él y del vuestro. Él es quien todo lo oye, quien todo lo sabe.” (Sura 29 ‘La Araña’: 60).

 

  • El miedo a no tener sustento. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo a ello quien escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “No hay bestia sobre la Tierra cuyo sustento no provea Al·lâh, quien conoce su lugar de reposo y su lugar de refugio: todo está en una Escritura Clara.” (Sura 11 ‘Hûd’: 6).

 

  • El miedo a pensar que no se le perdonarán las faltas. Con la servidumbre a Al·lâh se siente seguridad. Por lo tanto, ¿cómo va a tener miedo a ello quien escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “Di: ‘¡Siervos míos que habéis obrado en detrimento propio! ¡No desesperéis de la misericordia de Al·lâh, pues Al·lâh perdona todas las faltas! Él es el Perdonador, el Clemente’.” (Sura 39 ‘Los Grupos’: 53).

 

  • El miedo a las personas. Con la servidumbre a Al·lâh, ¿cómo va a tener miedo quien escucha las palabras de Al·lâh – ensalzado sea?: “Si Al·lâh te aflige con una desgracia, nadie sino Él podrá librarte de ella; y si Él te desea un bien, nadie podrá oponerse a Su favor. Se lo concede a quien Él quiere de sus siervos. Él es el Perdonador, el Clemente.” (Sura 10 ‘Jonás’: 107)

 

La vuelta a los orígenes

             De las cosas sobre las que existe consenso y es algo consolidado, es que todas las cosas tienen un origen y que toda creación tiene un comienzo. Los seres humanos tienen un único origen y que se remite a Adam – la paz sea con él – el padre de todos ellos. Éstos surgieron de él, aumentando en número y diseminándose. Dice Al·lâh – ensalzado sea – explicando esta verdad: “¡Seres humanos! ¡Guardaos de vuestro Señor, que os ha creado de una sola persona, de la que ha creado a su cónyuge, y de los que ha diseminado un gran número de hombres y de mujeres! ¡Guardaos de Al·lâh, en cuyo nombre os pedís cosas y respetad la consanguinidad! Al·lâh siempre os observa.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 1).

             La lógica dice, que siendo uno el origen, es natural que la primera creencia fuese única igualmente, es decir, la creencia en la unicidad de Al·lâh y la servidumbre a Al·lâh, sólo a Él, sin asociarle nada, y la creencia y la religión  del padre de los seres humanos Adam – la paz sea con él –, pues él practicaba la unicidad sincera a Al·lâh y la servidumbre a Él. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “La humanidad conformaba una sola comunidad, pero luego discreparon y divergieron. Si no fuese por el designio de tu Señor, ya habrían sido juzgados en aquello que discrepaban.” (Sura 10 ‘Jonás’: 19).

             Esta discrepancia surgió cuando divergieron en el pensamiento, el modo de vida y el lenguaje, tal y como informa Al·lâh – ensalzado sea: “Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la Tierra, la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores. Ciertamente, hay en ellos signos para los que saben.” (Sura 30 ‘Los Bizantinos’: 22).

             Es natural, igualmente, que de esa divergencia citada surja la desviación en la creencia y la religión ; algo testimoniado respecto a la divergencia en religiones, creencias y adorados sobre la faz de la Tierra. Por ello, era preciso que todos los seres humanos volviesen a los orígenes de su servidumbre y el Dîn correcto, aquel en el que estaban antes de que los demonios lo alterasen. Ése Dîn, es la declaración sincera de la unicidad de Al·lâh, el entregarse a Él, el someterse a su obediencia, deshacerse de asociarle algo a Él y decidir en todos sus asuntos con ese Dîn en todas las facetas de sus vidas sin excepción alguna, si, realmente, quieren alcanzar la felicidad, la dignidad, la nobleza y la buena vida. De lo contrario, gustarán de la amargura de la vida en este mundo y el Otro. Y Al·lâh, el Inconmensurable, dice la verdad: “Alif Lâm Râ. Éste es un Libro que te hemos revelado para que, con permiso de su Señor, saques a las personas, de las tinieblas a la Luz, a la vía del Poderoso, del digno de alabanza.” (Sura 14 ‘Abraham’: 1).

 

 

 

 

                           Invitación

             Y, desde aquí, hago un llamamiento a los no musulmanes civilizados e inteligentes para que lean la traducción del Sagrado Corán – la constitución del Islam – y en él encontrarán las soluciones de todos sus problemas y los del mundo político, económico, social y moral. Sin embargo, debe tomarse y estudiarse estando despojado de toda pasión y fanatismo religioso, por su condición de constitución dispuesta para todos los seres humanos hasta la llegada de la Hora final.

             El Corán no es únicamente para los árabes – tal y como predican aquellos que siguen los errantes medios de comunicación – pues las leyes y las legislaciones del Corán engloban todas las dimensiones de la vida y es útil para todo lugar y todo momento.

             En él encontrarán, igualmente, respuestas satisfactorias y completas para todas aquellas preguntas que se ciernen sobre muchos de los fueron internos de personas no musulmanas, como el tema de la vida, la muerte y qué hay tras ella. (Estamos dispuestos a proporcionarte una copia de la traducción del Corán en caso de que lo desees). Y, a pesar de ser el último de los mensajes, el Corán es un libro que respeta el resto de religiones – el judaísmo y el cristianismo – y prohíbe que se insulte las creencias de otras personas que sigan otras creencias y confesiones. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “No insultéis a los que ellos invocan en lugar de invocar a Al·lâh, no sea que, por hostilidad, insulten a Al·lâh sin conocimiento. Así, hemos engalanado las obras de cada comunidad. Luego, volverán a su Señor y ya les informará Él de lo que hacían.” (Sura 6 ‘Los Rebaños’: 108).

             Cuando se medita en el Corán, le encontrarán sosegada en su discusión, atractivo para los corazones en su exposición convincente para el intelecto, tanto en sus leyes como en su legislación. Al·lâh el Inconmensurable es verídico cuando dice: “¿No meditan en el Corán? Si procediese de otro que Al·lâh, habrían encontrado en él numerosas contradicciones.” (Sura 4 ‘Las Mujeres’: 82).

 

 

             Se trata, pues de un asunto vital. Conoce quién es tu verdadero dios, aquel con quien te sientes sosegado y descansas en su adoración, disfrutas cuando te diriges a él. Así, pues, sé feliz con la tranquilidad y el descanso en este mundo y con la eternidad en los jardines de la eternidad en la Otra. Aleja tu alma de la ignorancia, de la ciega imitación, aquella que ensordece y hace caer en el despiste a los corazones, que te hace no aceptar la verdad ni escucharla. Así, llegar a la verdad y al conocimiento de Al·lâh – glorificado y ensalzado sea. Es una oportunidad que debe aprovecharse, todavía que la puerta de El Arrepentimiento y la vuelta a Al·lâh está abierta, antes de que te llegue tu hora y sea demasiado tarde. Con Al·lâh, no tienes que temer injusticia alguna ni opresión. Es más, albríciate por aquello que te contenta, pues te perdonará todas las faltas y errores cometidos en el pasado. Por ello, no dejes pasar esta oportunidad, siendo que Al·lâh – glorificado y ensalzado sea – dice: “Di a quienes niegan la verdad que, si cesan, se les perdonará lo pasado; pero que, si reinciden, seguirán la suerte de los antiguos.” (Sura 8 ‘Los Botines De Guerra’: 38).

 

             Estoy plenamente convencido que mucha gente no está complacida con la vida que lleva sirviendo a otros fuera de Al·lâh, el Uno e Imponente, aquel que les creó y les dio la existencia a partir de la nada; especialmente, aquellos que adoran criaturas como él, como animales y fenómenos naturales. Ciertamente, uno se sorprende de quien busca dioses para adorar que chocan de frente con el sano juicio o una persona civilizada que adora el fuego, el demonio, ratas o cosas similares. Los corazones han devenido ciegos antes que su vista sobre la servidumbre a Al·lâh, el verdadero. Y Al·lâh, el Inconmensurable, dice la verdad: “Ciertamente, no son los ojos los que no ven, sino los corazones que se encuentran en los pechos.” (Sura 22 ‘La Peregrinación’: 46).

 

 

 

 

 

             Aquel que desea alcanzar la verdad, Al·lâh le otorga el éxito, si Él sabe que en la persona hay sinceridad. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Aquel que cree en Al·lâh, éste guía su corazón. Al·lâh es Omnisciente.” (Sura 22 ‘El Engaño’: 11).

             No te muestres soberbio frente a la verdad ni de los altivos ante la gente, pues, de lo contrario, la verdad se alejará de tu corazón y tus ojos quedarán vendados, pues no verás más que aquello que coincida con tu pasión y, entonces, será la causa de tu perdición. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Apartaré de mis signos a quienes se ensoberbezcan sin razón en la Tierra.

Sea cual sea el signo que ven, no creen en él. Si ven la senda de la Guía, no la toman como senda, pero si ven la senda del descarrío, sí que la toman como senda. Y esto es así, porque han desmentido nuestros signos y no han hecho caso de ellos.” (Sura 7 ‘Los Lugares Elevados’: 146).

 

             ¡Vuelve a tu verdadero Dios y verás que es más misericordioso contigo de lo que es tu madre, aquella que te llevó en su vientre, te dio a luz, te amamantó y te educó! Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Él es quien, con sus ángeles, os bendice para sacaros de las tinieblas a la Luz. Es misericordioso con los creyentes.” (Sura 33 ‘Los Coaligados’: 43).

 

             Al·lâh se alegra cuando vuelves a Él y tu vuelta para servirle, tal y como lo informó el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – cuando dijo: “Ciertamente, Al·lâh se siente más contento con El arrepentimiento de uno de sus siervos arrepentidos, que un hombre que había perdido su montura en una tierra desierta y hostil, y, cuya montura, llevaba su comida y su bebida. Este hombre comenzó a buscarla pero no la encontró. Entonces, se echó a dormir bajo un árbol. Y, al despertarse, encontró junto a él a su montura con su comida y su bebida. Al·lâh, pues, se siente más contento con El arrepentimiento  de uno de sus siervos que esta persona al encontrar su montura”.

 

 

                           EPÍLOGO

             Estimado lector: soy una persona que te aconseja con afectuosidad y siento estima por ti. Afanarse por ofrecer el bien a las personas es lo que me ha empujado a escribir este libro, pues “la mejor de las personas es la más provechosa para las personas”, tal y como nos enseñó y nos dirigió nuestra religión , y nuestra misericordia para todas las personas es lo que me incitó a ello, pues “los clementes recibirán la misericordia del Misericordioso”, tal y como nos ordenó nuestro Señor – bendito y ensalzado sea. El amor a los demás es el que me ha instado a ello, tal y como nos informó Muhammad, el Mensajero de Al·lâh – la paz y las bendiciones sean con él – al decir: “Desea para la gente lo mismo que deseas para ti mismo”.

             Todas estas directrices divinas juntas son las que me han hecho aportar mis humildes esfuerzos para mostrar la verdad que, podría ser, no fuese conocida de verdad a causa de aquellos medios de comunicación que falsean la realidad y trastocan las verdades; que se visten de piel de cordero y tienen un corazón de lobo, haciendo de la sinceridad, mentira y de la mentira, sinceridad verdad; y hacen lo falso, verdad, y la verdad, falsedad. La persona feliz y a la que se le ha otorgado el éxito es aquel que pueda discriminar, tomar la verdad y alejar de sí la falsedad. Las directrices divinas ordenan que la persona se cerciore de todo y no dar por sentado cualquier cosa que esté muy lejos del análisis y la aclaración. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “¡Creyentes! Si un malvado os trae una noticia, examinadla bien, no sea que lastiméis a gente por ignorancia y tengáis que arrepentiros de lo que habéis hecho.” (Sura 49 ‘Los Aposentos Privados’: 6).

             Por ello, la persona no se deja engañar para servir a otros fuera de Al·lâh, por mucha salud, bienestar, dinero o hijos que tenga. Pues, si este mundo tuviese el valor del ala de una mosca, no daría de beber a nadie ni un trago de agua, debido a su incredulidad y su servidumbre a otros fuera de Al·lâh. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Que no piensen aquellos que niegan la verdad que el que les concedamos una prórroga supone un bien para ellos. El concedérsela es para que aumente su pecado. Tendrán un castigo humillante.” (Sura 3 ‘La Familia de Imrân’: 178).

            

Por mucho que Al·lâh te haya concedido cosas del disfrute de este mundo, ello no significa que Al·lâh te ame o esté complacido contigo por tus obras. Al·lâh concede este mundo a quien ama este mundo y a quien no lo ama. Sin embargo, el hecho de obedecerle y de servirle es algo que únicamente otorga a quien Él ama. El camino está abierto ante ti, para que seas uno de quienes Al·lâh ama y esté complacido con tus obras, algo que se obtiene con la sincera servidumbre a Él. Y dice también – ensalzado sea: “Si no hubiera sido por evitar que las personas formasen una sola comunidad, habríamos puesto en las casas de los que no creen en el Misericordioso, terrazas de plata y gradas de acceso, * puertas y lechos en que reclinarse * y lujo. Pero todo esto no es sino breve disfrute de la vida de acá en tanto que la Otra vida, junto a tu Señor, será para quienes se guardan de Él.” (Sura 43 ‘Los Adornos De Oro’: 33 – 35).

             Nada de cuanto haya amasado, atesorado y dejado el ser humano en cuanto a dinero e hijos le aprovechará si muere sirviendo a otros fuera de Al·lâh. Es más, ello será un mal el día del Levantamiento, tal y como informó de ello Al·lâh – bendito y ensalzado sea – cuando dijo: “Ni vuestra hacienda ni vuestros hijos podrán acercaros bien a nosotros. Sólo quienes crean y obren bien recibirán doble retribución por sus obras y morarán seguros en los aposentos elevados.” (Sura 34 ‘Saba’: 37).

             La persona se presentará el día de la exposición y la toma de cuentas sin nadie que le acompañe, sola, desarropada, desnuda, tal y como Al·lâh le creó, tal y como fue creada por primera vez. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “‘Habéis venido uno a uno a nosotros, como os creamos por primera vez y habéis dejado tras vosotros lo que os habíamos otorgado. No vemos que os acompañen vuestros intercesores, aquellos que pretendíais como vuestros asociados. Se han roto los lazos que con ellos os unían, se han esfumado vuestras pretensiones’.” (Sura 6 ‘los rebaños’: 94).

             Por ello, lo más importante de lo que uno debe cerciorarse, es en su religión  y en su creencia, pues, del mismo modo que exiges garantías económicas en tus propias transacciones comerciales para cerciorarte de si son buenas o no, mucho más deberás cerciorarte de esas garantías en tu religión  y  creencia, y así, te asegures de lo correcto de tu práctica de tu religión  y  creencia, antes de que sea demasiado tarde, y así se te aclare la verdad de la falsedad. No vas a vivir más que una vez en este mundo, por ello, que tu vida tenga éxito eligiendo la religión correcta. El inteligente, es aquel que somete y obra para lo que hay tras la muerte. Por Al·lâh te digo, que Él sólo te exigirá muy poco: sólo que le sirvas a Él y juzgues con su ley. Él no precisa de ti. Te ha prometido muchas cosas: una vida eterna bajo la sombra de un disfrute perpetuo. El negado, será aquel que venda lo perpetuo por lo perecedero. Y el que saque provecho, tanto al principio como al final, eres tú, ser humano. A Al·lâh no le perjudica la desobediencia de los desobedientes ni le aprovecha la obediencia de los obedientes, pero ha dispuesto un examen y el análisis para aclarar quién es el obediente del desobediente . Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Ya probamos a sus predecesores. Al·lâh, así, hará saber quiénes eran los sinceros y quiénes eran los mentirosos.” (Sura 29 ‘La Araña’: 3).

             La servidumbre a Al·lâh – ensalzado sea – te garantiza materializar tu felicidad en este mundo y en el Otro, y no el dinero, ni la posición. Es más, todo esto, no es más que una sombra que se desvanecerá y no podrás comprar con ello, el día del Levantamiento, buenas retribuciones ni te podrás deshacer de tus malas retribuciones. Dice Al·lâh – ensalzado sea: “Si poseyeran quienes niegan la verdad todo cuanto hay en la Tierra y otro tanto, y lo ofrecieran como rescate para librarse del castigo del día del Levantamiento, no se les aceptaría. Tendrán un castigo doloroso.” (Sura 5 ‘La Mesa Servida’: 36).

Pido a Al·lâh que ilumine tu visión, guíe tu corazón y te muestre la Verdad.

Y que la paz y las bendiciones sean con nuestro Profeta Muhammad, su familia y sus Compañeros.

 


About the book:

LA ADORACIÓN EN EL ISLAM

La servidumbre es una esencia (fitrah) en la que Al•lâh ha creado al ser humano y, de la cual, no se puede desprender en modo alguno. Las personas, pues, se encuentran ante la siguiente disyuntiva: por un lado, se puede ser un siervo entregado y obediente a Al•lâh y, así, su corazón se tranquiliza y su espíritu se sosiega. O bien, la persona puede ser un siervo de falsos dioses, como su pasión, los ídolos, las imágenes, el dinero, los sistemas o los propios seres humanos. Si hace así, su espíritu padecerá, su corazón se desmembrará y perderá tanto en esta vida como en la otra.